Este Blog está Cerrado

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¡Atención!

Si es que alguien realmente lee ésto, deje por favor su comentario.

(Se que estás ahí, si no no podrías leer esto)
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martes, 8 de febrero de 2011

La Última Entrada

Hola lectores, amigos, seguidores, no se como referirme a ustedes, pero entiéndase que ustedes son cualquiera que esté leyendo esto ahora. Hace un poco más 2 años y 39 entradas empecé este blog así como también empecé a esribir cuentos, literatura, en lugar de parodia de enciclopedia.

Hace poco estuve pensando y pensando y después pensé más. Me llegó a la mente de la misma manera que llegaron los mundos y personajes que habitan este blog, me llegó una idea como nunca me había llegado. Estoy oficialmente en caminos de escribir una Novela y, si bien no será para el futuro próximo (sépase, los proximos 3 o 5 años), voy a dedicar mis esfuerzos a ella.

Por eso, además llegué a otra reflexión. Del mismo modo que empecé a escribir cuentos en lugar de artículos, me pasé de Wikia a Blogger y ese cambio tiene un peso importante en la labor literaria por desgracia. Wikia es de Contenido Libre, Blogger es propiedad intelectual de la Corporación Google.

Tengo que aceptar en primer lugar que todo lo que está acá no me pertenece, una verdadera desgracia ya que acá están mis mejores obras (al menos por ahora). Pero, en fin, así es la vida. Quedarán para ser observadas y apreciadas pero no voy a publicar más cuentos en Blogger y El Pendejo de 2º queda oficialmente cerrado. Siento que una etapa importante termina acá, pero otra comienza. Otra menos vívida, menos evidente, menos pública, más por lo bajo, pero más mía.

Me despido de un amigo, de una parte de mi, me despido también de ustedes hasta el futuro. Pero que quede claro que esto no es un Hasta Siempre, sino un Hasta Pronto. No importa cuanto crezca o cuanto escriba, no importa cuantos tomates o cuantas flores me arrojen, no importa en que año esté, siempre voy a ser el pendejo de segundo.

- Lucas Eli Kreiman

viernes, 21 de enero de 2011

El Diario de John

Recogí el diario de John y abrí en una página al azar, más precizamente en el comienzo. Escrito mucho más prolijo de lo que él suele ser y que el resto del diario. Una única página que decía así:

Otra vez en las reuniones de grupo, otra como tantas otras. Y enfrente de mi, entre otras tantas están otra vez ellas. Ha decir verdad, nunca habían estado ellas dos jutas, ni en estos lugares, no deberían. No es de los espacios que compartimos, pero el mundo se hizo y se hace cada vez más chico desde que las conozco. Y, en efecto, ahí están.

Ambas están en frente, Cristina y Lenina no están paradas una al lado de la otra, pero están separadas por personajes tan indistintos que no presto al espacio en medio. Me fijo especialmente en lo que dicen y lo que haces. No, ojala lo hiciera, presto especial atención a sus rostros, sus ojos y sus sonrisas. La silueta de los labios en la tez morena de cristina y los ojos grandes y abiertos en la cara pálida de Lenina.

No me fijé en mis compañeros de grupo. Somos dos hileras de personas enfrentadas, la idea es que cada uno preste atención a la hilera en frente de uno y no a la gente aledaña. Se de todos modos que Charles y su esposa están de mi lado porque los vi entrar y no los veo enfrente.

Pienso en los malos momentos que pasé solo después de haber pasado buenos momentos junto a Cristina. Pienso en que después Lenina interrumpió esa soledad momentáneamente. Y en solo un momento volví a donde estaba. Lenina y Cristina rompen mi concentración. No debería estar pensando en ellas ni en mí, ni menos en mí con ellas o más bien yo sin ellas. Esa me distrae del propósito que nos reúne.

Las reuniones de grupo para ejercitar la resistencia, la capacidad de control sobre uno mismo. Yo me siento muy inseguro, mucho más con ellas dos en frente. ¿Por qué ellas dos?, ni siquiera se conocen. Están felices y contentas, como siempre. Su felicidad inspira confianza. Esa confianza en si mismas, esa tranquilidad seguridad que poseen tan libremente me inquieta mucho. Me entierra más en la desesperación de los recuerdos de soledad de los cuales sé, esta experiencia formará parte.

Empezamos la rutina parece, no me di cuenta pero ya tiene sus carteles levantados. No leo muy bien, debería prestan atención, para eso estoy. Escucho que los demás, mis compañeros de hilera murmuran, hablan, se ríen, se divierten tanto como ellas dos en la fila de enfrente. No tengo nada que hacer acá, estoy tan fuera de lugar que no sigo la experiencia como debería. Entonces Cristina dice: “Duerman”.

Mi hilera se silencia de golpe. Al mismo tiempo termino de entender lo que está pasando. Nos hipnotizaron a todos. Cuando entiendo que pasó es cuando me pasó a mí. Miro hacia delante, hacia ella y veo un estrépito cambio de color. Colores como los del aceite e el agua remplazan los de la escena que hasta hace solo un segundo concebía de obvia y natural. Como una sinestesia que acompaña el imperativo poderoso recorriendo el espacio y mi cuerpo: “Duerman”. Siento fuere como una ola de mar que impacta sobre mí, un sueño terrible.

Sufro entonces una inmensa desesperación porque pienso las consecuencias de estar bajo el más absoluto de los controles y más aún, a merced de Cristina y de Lenina también que se ríen en el fondo. Tal desesperación es demasiada para mí. Trato de gritar pero se que no sirve. Me trato entonces de mover hacia delante, convenciéndome de mi propia soberanía sobre mi propio ser. Solo, por supuesto. No pienso más en los otros, no tengo la menor intención de liberarlos a ellos, sino de escapar de la posibilidad de ser títere, de darles rienda suela a ellas de ser y hacer uso de mí.

Camino hacia delante tratando de alcanzar la otra hilera de personas, cuyos rostros y figuras se difuminan cada vez más. Me duermo, pero trato de mantenerme despierto, como puedo. No encuentro más fuerza para avanzar que estar convencido de aún no querer. Ese no querer sigue siendo mío. Razono que si tengo voluntad de desobedecer la orden, tengo poder por sobre la orden.

Si no soy lo que dicen que sea, si me pongo en contra, entonces tal cosa no existe como fuerza porque no puede someter mi voluntad. Así, solo por saberlo, me libero del sopor del sueño, camino con firmeza hacia delante y también vuelvo a ver con claridad. Veo a Cristina y Lenina preocupadas. Su preocupación me da confianza para avanzar, potencia mi libertad. Consigo finalmente arrancarles de sus manos los carteles. Y los rompo en varios pedazos hasta que son ilegibles. Lenina me dice: “Despierten”.

Abro los ojos y descubro que estoy parado en mi hilera. Siento como voy despertando de un sueño largo y así veo que estoy parado en mi hilera de vuelta, con mis compañeros a mis costados. Frente mío está la hilera de Cristina y de Lenina, que se han cambiado de lugar, sus espacios en medio también. Las ventanas evidencian que ya es el atardecer y que estuve dormido un largo rato. Otra experiencia más.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

El Primer Libro de las Épocas

Primera Época

El Nacimiento de Bommi

En el principio, Faraok creó el mundo y vio que eso era bueno. Siendo así, lo pobló con vida animal y vegetal. Viendo que funcionaba, hizo uso de su propia conciencia y lo pobló también con humanos. Pero en vistas de que los humanos no podían habitar y comprender el mundo por si solos, como los animales o las plantas, Faraok bajó al mundo para enseñarle a los humanos a vivir en el planeta que había creado.

Incapaz de quedarse, teniendo que viajar por el cosmos a asistir otros mundos, Faraok creó a los Dioses para que educaran a los humanos. Así creo a Lema, Zen, Devon y Won.

La Traición

Pero los Dioses traicionaron a Faraok y trataron de apoderarse del mundo que él había creado, creyéndolo solo para ellos. Solo Zen siguió fiel a su creador y lucho por mantener al mundo como Faraok lo había encomendado.

Zen lucho contra los Dioses restantes para arreglar el orden que se había roto y tratando de eliminar los males que habían esparcido sobre el mundo. Uno por uno y con la ayuda de los humanos fieles a Faraok, Zen pudo recuperar las tierras para el hombre. Faraok entonces habló por última vez:

El Mandato

Tu eres Zen, hijo de Faraok, tu gobernarás con mi ley y tu voz los pueblos libres de Bommi, este mundo.”

Y Zen respondió:

¿Hay otros reinos en Bommi donde los otros Dioses hayan encontrado refugio?

Y Faraok respondió:

Ninguno más allá de este Valle por donde fluye tu río, Zen, este es tu pueblo ahora. Más allá de las montañas perecerá Devon y su lengua maldita que tanto daño han hecho a este mundo

Y así, Faraok abandonó Bommi y dejó a Zen como su sucesor, y le dejó las leyes para gobernar y habitar el mundo. Y así será hasta que Faraok regrese nuevamente cuando los humanos lo necesiten y estén listos.

….
Segunda Época

Pero más allá del Valle, los demás reinos crecían indiferentes. Los reinos fuera del Valle habían sido visitados por Zen luego de la traición. Su paso fue purificador, suficiente para que expulsara al Dios que gobernaba la región, cuyo nombre la historia ha olvidado y emplazara en su lugar a su fiel vasallo Purtpul. A Purtpul no le llegaron las Leyes de Zen como a los reinos del interior. Solo hizo lo que su amo le ordenó, obedecer y esperar. Pero como Zen nunca volvió, debió empezar a gobernar como pudo, convirtiéndose en el primer reino de los humanos, o al menos eso creía él.

Por El Mandato, ningún humano debería salir del Valle y las leyendas crecieron sobre que en las afueras aún caminaba Devon, por lo que ni Zen ni ningún Zentopiano cruzó las montañas en eones. Pero los Dioses no acatan los mandatos de los humanos y casi nunca los mandatos de otros Dioses. Devon ya había desafiado el primer mandato de Faraok y lo haría de nuevo. No se sabe cuando, pero se sabe que durante el reinado faustuoso de Zen, Devon ya habitaba como uno más de los siervos de Purtpul.

Devon, utilizó su poder y su influencia maligna para corromper las mentes de los habitantes. Tanto así que llegó a convertirse a un consejero del sino Purtpul, su sucesor o el sucesor de su sucesor. Devon, instruyó a los Purtpurios en el uso de su magia negra, dándole un poder impensable a su primitivo país. Soles que brillaban aún de noche, fuegos tan ardientes que impulsaban cuerpos enteros hacia el cielo, tierras grises que al formarse quedaban más duras que las montañas.

En la medida que Devon fue transmitiendo su conocimiento a los humanos, fue perdiendo su inmortalidad, del mismo modo que Zen por haberlos reinado. Así, en su último fuerzo, desplazó sus últimos conocimientos en libros que solos sus más oscuros séquitos entendían y guardaban.

Y así, poco después de Zen y sin que ninguno de los dos se enterara, Devon abandonó Bommi para nunca volver. Su legado, la Biblioteca Negra, desapareció junto con sus seguidores, ya que el último nieto de Purtpul en un acto de razón y recordando el antiguo legado del Rey muerto, decidió perseguir y expulsar a los Discípulos de Devon de su tierra. Trató el nuevo rey de compensar el mal que su abuelo había hecho, pero no deshizo los artilugios que Devon había construido.

Y así fue como, mientras la mayoría de ellos se perdieron en el mar, unos pocos decidieron violar una vez más los mandatos sagrados y se encabezaron hacia una tierra sagrada. Sabían estos pocos que Zentopía aún los aguardaba.

Décadas, casi siglos después de la Traición, no quedaron más Dioses sobre la Bommi. Solo quedaron los humanos y las descendencias de los Dioses. El poder de Faraok se había finalmente desvanecido, pero el legado de Zen seguía presente. Zentopía había crecido más allá del primer asentamiento para ser la ciudad más grande del Valle, pero su influencia sobre los reinos vecinos se había lentamente corroído. Si bien Invadirá, Neemesia y los demás pueblos del Valle continuaban aún bajo las leyes de Zen, tal como las había dejado instauradas luego de la Traición.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La Escuela que enseña a Vivir

(Esto no es un cuento. Esto es mi discurso de fin de cursada, una devolución a mis compañeros luego de 5 años de vida. Pronunciado el 10 de Diciembre de 2010 en el Salón de Actos del Pelle)

Es verdad que hubiera preferido dar este discurso en el Gimnasio, frente a todos los 5ºs del Turno Mañana, pero por otro lado es casi simbólico estar acá en el Salón de Actos, donde hace poco menos de 5 años me dijeron “los demás son de la 5ª” y empezó este viaje. Parece propio terminarlo acá.

Tuve mucho tiempo para pensar en lo que voy a decir. Más que nada porque lo pensé antes de que me lo pidieran. No fue para mi un ejercicio muy complicado pensar en el Pelle como parte de mis días.

No estuve contento siempre, no se lo vayan a creer. Tampoco voy a decir ingenuamente que nos queremos todos, porque es mentira. Pero si es verdad que fueron experiencias fuertes y profundas.

Veo a mis años de escuela como un viaje, que tiene que ser visto no como medio para llegar a un destino, sino como experiencia para realizar. Y más allá del futuro que nos espera a todos, no creo que todo esto haya sido solo una preparación, una formación para tal. Fue vida, no un prologo para la vida. Y fueron los mejores años de mi corta vida…al menos por ahora.

El Pelle es como un club donde, por algún motivo, a los administradores se les ocurrió dar clase y les salió bien. Es así. El verdadero y máximo exponente de éste colegio es esa sensación de espacio de pertenencia. Esto lo veo en que en 5 años no me faltó un momento con nadie de los presentes. Esa es la maravilla de este espacio.

No hubo límite para que pudiera, aunque con algunos más que con otros, sentarme al lado de ustedes y hablar, compartir. Si bien no a todos nos gustan las mismas cosas, estaban las oportunidades y los espacios para que pudiera encontrar a quien le gustaba lo mismo que a mí, buscaba lo mismo que yo.

Es muy difícil estar solo acá adentro, (Hay que llegar muy temprano). No le falta a cada uno su grupo, su compañero o compañeros. A uno por ser uno no le cuesta más trabajo encontrarse en el otro, el colegio te lo facilita. Y entre tantos y tan variados otros.

Me encontré entrando al Pelle con una comunidad abierta y viva. Y hoy me encuentro a mí como parte del Pelle, y al Pelle como parte de mí. De eso se trató todo esto, creo yo. De crecer. Eso fue lo que hice, hicimos acá durante estos años., entre todos. Nos convertimos en seres más maduros, más completos, más fuertes. Quizás también más marcados, más formados, más pulidos, ¿se entiende?

Pero ese crecer no fue una mera consecuencia del paso del tiempo, fue la consecuencia de haber vivido, de haber compartido junto a todos ustedes y a tantos más que por cuestiones organizativas no estarán presentes. Nos hicimos crecer juntos, porque hicimos el camino adolescente juntos, el camino del Pelle. Si bien somos mucho más que eso, somos lo que somos por esto. Esto no es solo el espacio físico, es la gente. La maravillosa gente y las relaciones, encuentros, espacios que se formaron entre nosotros.

Por un punto se atraviesan infinitas rectas, que están compuestas a su vez por infinitos puntos. A cada uno de nosotros nos han atravesado experiencias, y nosotros mismos, cada uno, fue formando a los demás. Ahora cada uno tiene en sí el resultado de haber reído, haber llorado, haber escuchado, haber querido, haber amado, haber mirado y sentido a alguno más.


Ya no soy hijo único

martes, 30 de noviembre de 2010

Not Yet

Algún día gente, cuando deje de rendir.

domingo, 31 de octubre de 2010

Casandra y la Cuarta Dimensión

Casandra, como tantos otros seres humanos, tenía un trabajo estable. Al menos hasta esa mañana. Reducción de personal y ajuste presupuestario fueron los sinónimos que le dieron para su despido. Siendo ese el caso, se dispuso a la oficina del Seguro de Desempleos, en el propio edificio donde trabajaba.

Preguntó a la secretaria del piso donde quedaba tal oficina. La indicó ir por el pasillo, al fondo a la derecha. Extrañamente, esas indicaciones suelen indicar un baño, pero Casandra siguió de todos modos. Sorprendentemente. Al final del pasillo había tres puertas. Dos a la izquierda, una a la derecha, ninguna con indicaciones. Casandra pensó que habría sido más factible confundir izquierda con derecha que otra cosa, por lo que entró a la puerta a su derecha.

- Buenos días, mi nombre es Kris Kugel…
- Perdón, me equivoqué de cuarto.
- No, estás en el cuarto correcto Casandra.

Casandra entendió, frente a que la llamaran por su nombre, ni siquiera por su apellido, lo que estaba pasando. Ya le había pasado, ya casi estaba acostumbrada. Ya había pasado lo de Eli poco tiempo atrás. Esta vez, antes de demostrar que tenía razón, trataría de averiguar porqué ocurría tal cosa

- ¿Quien es usted?
- Ya le dije, Kris Kugel, puede decirme Kugel, nadie me dice Kris y usted tampoco.
- ¿Por qué estoy acá?
- Fue despedida, el Seguro de Desempleo viene con más que indemnización. Trae clases de inserción al mercado laboral.
- Que buen servicio
- No tiene idea. Pero para que funcione, tengo que estar seguro de su nivel educativo, remitámonos a geometría.

Detrás de Kugel apareció una gran pantalla. Casandra notó que estaba claramente tecleando tras su escritorio. De inmediato la pantalla mostró solo un fondo blanco, marcado levemente por una cuadrícula casi invisible. Sobre esta y en el centro, un solitario punto negro, pequeño respecto a la pantalla, pero la pantalla era ya bastante grande.

- ¿que es esto? – Preguntó Kugel retóricamente
- Y…creo que es un punto – dijo Casandra irónicamente - también podría ser un partido de Fútbol, ¿no?
- En efecto – continuó Kugel. La imagen cambió, dando un salto como cuando cambia una diapositiva. Apareció entonces un círculo, igualmente centrado. – ¿y Esto?
- Un circulo
- ¿Y este? – Dijo cambiando una vez más la imagen.
- Un círculo, más grande.
- Perfecto, ¿y si yo te muestro esto? – Kugel tecleó tras su escritorio y culminó con un golpe brusco. Luego, en silencio, apareció una secuencia, un punto que crecía hasta volverse el último circulo que le había mostrado. En un loop infinito, luego se achicaba hasta volver al punto.
- Es el círculo agrandándose y achicándose.
- Claro, es siempre el mismo círculo, ¿no?
- Bueno, no – dijo Casandra mientras la animación se repetía indefinidamente – Yo se que no es así, que eso es lo que entiendo al ver eso. En realidad son varias imágenes de círculos de distintos tamaños ordenadas para que creen la ilusión de que aumenta y disminuye de tamaño un mismo círculo. Eso lo sé.
- Por supuesto que lo sabés, sos muy inteligente. Pero este no es un círculo.

Casandra se mostró extrañada ante la afirmación de Kugel. Kugel sonreía mientras ella demostraba su confusión. De inmediato se compuso, sabía que eso no era más que un gato encerrado y que pronto se lo explicaría, no podría ser algo más complicado que eso.

La animación se detuvo en el círculo más grande. De pronto, la cuadrícula gris, casi invisible, comenzó a girar sobre si misma. Giró hacia la izquierda sobre su eje central, que resultó ser en realidad otra cuadrícula que la atravesaba. El círculo no había variado en tamaño, pero Casandra creía entender lo que había pasado. Entonces, volvió la animación. Esta vez, el círculo solo se movía de izquierda a derecha sin dejar de tocar el eje medio de la cuadrícula.

- Ah claro, es una esfera. – dijo Casandra comprendiendo. – Claro. No era un círculo que crecía. Era una esfera moviéndose para delante y para atrás.
- Pero desde te punto de vista no era más que un círculo creciendo y achicándose – remitió Kugel. Tecleó un poco y la esfera contó con sombras y texturas, evidenciando que era, en efecto, una esfera. - ¿Qué es una esfera respecto a un círculo?
- ¿Un dios? – cuestionó Casandra creyendo que era una pregunta metafórica, propia de alguna otra de sus aventuras.
- N…no- contestó Kugel extrañado – está una dimensión más arriba. Cuando un objeto de tres dimensiones atraviesa un espacio de dos dimensiones se manifiesta en las partes bidimensionales que lo componen. En cristiano, una esfera atravesando un plano se ve como varios círculos.
- Cristiano, claro. ¿eso significa que un objeto se manifiesta en la cantidad de dimensiones del universo en que esté?
- Vas un paso adelante, esto te va a ser fácil entonces. ¿Podés imaginar un cubo de 4 dimensiones?
- No.
- ¿Por qué?
- Porque vivo en éste universo de 3 dimensiones.
- Claro, tres dimensiones. Un se levanta cada día, mira por la ventana y ve 3 dimensiones en todos lados. También ve, posiblemente por esa misma ventana, que el Sol sale y se pone. Decime Casandra, ¿el Sol se mueve?
- No, la Tierra se mueve alrededor del Sol, aunque…
- ¿Y el círculo crecía? – interrumpió Kugel.
- No, pero no se que tiene que ver.

La imagen de la esfera, antes de detenerse, desapareció. La pantalla parecía apagada y con ella se había ido la luz de todo el lugar. Casandra calló. Instante siguiente apareció la foto del joven rostro de un bebé.

- ¿Qué es esto?
- Una beba. Se nota porque tiene aros.
- Si claro, ¿linda no?
- No se, todos los bebes son iguales.
- Que tierna. – Kugel dio un toque a su teclado y la imagen empezó a cambiar. La cara de la infanta comenzó lentamente a cambiar. De manera muy gradual, se notaba como iba madurando el rostro y pasaba lentamente de edad.- ¿Qué pasa con la imagen?
- La chica está creciendo – dijo Casandra indistinta. Entonces, entendió. La reacción fue creciendo, primero abrió grande los ojos y sus cejas tocaron su flequillo despeinado, luego su boca se abrió dejando entrar el asombro - ¡No!
- ¡Si!, ¡exacto!, ¡bingo! – gritaba Kugel - ¿lo digo yo o le querés decir vos?
- Ehhh, no está creciendo…está…está…ehm…
- Bueno, lo digo yo. Como habrás notado, es lo mismo que el punto. Parecía que un punto crecía en un círculo grande, y en realidad era una esfera, siempre una misma esfera, moviéndose por un plano. Esto es lo mismo. Estás viendo un objeto cuatridimensional (tetradimensional) atravesar un espacio tridimensional.
- …Manifestándose como las facetas tridimensionales que lo componen.
- Si Casandra, precisamente. Eso es la vida. El tiempo es la manifestación del movimiento de nosotros, seres de cuatro dimensiones, a través del espacio. El tiempo…es vida.

Casandra quedó impresionada ante la demostración. Como habiendo presenciado un truco de magia. Sabía que no era más que un razonamiento, cerca de un silogismo cualquiera. Pero pudo sentir algo más en esa conclusión, mientras veía pasar las imágenes de esa niña. Sentía una alegría de haber entendido eso, de saberlo. Sintió la virtud de su conocimiento. Se sintió poderosa, más grande y más fuerte. Creyó conocer a la niña mostrada, se parecía mucho a una amiga de su niñez, aunque no recordaba a cual.

- Veo que entendiste, no me sorprende, sos inteligente. No vas a tardar en entender esto entonces. Imaginá, ¿Qué pasaría si yo cortara una parte del cuerpo de cuatro dimensiones?
- Sería como sacar una parte del tiempo.
- Exacto. Pero ese tiempo es en realidad la expresión de una vida.
- Entonces sería sacarle una parte de tiempo a una vida.
- Es más que eso, es sacarle una parte de si a una persona. Del mismo modo que ocupan un lugar en el espacio, ocupan un “lugar” en el tiempo.
- Entonces ¿como?, ¿Qué es sacar tiempo es como sacarle un pedazo de carne a alguien?
- En efecto – contestó Kugel con seriedad – Es una parte de alguien, yo diría más valiosa que cualquier pedazo de carne. Si bien nadie, o algunos pocos son capaces de vender una libra de su carne, todos vendemos varias horas de nuestro tiempo.
- ¿a quien?
- A tus jefes, a tus patrones. ¿Trabajás 8 horas?, estás vendiendo 1/3 de tu ser tetradimensional.

Casandra calló un momento frente a esa conclusión. Pensó penosamente en que estaba allí justamente por haber pasado meses vendiéndose, vendiendo su vida a una empresa. Esa frase que recorría su conciencia le sonaba a prostitución, por lo que se sintió violada y sucia ante esa conclusión. Buscó refugio en una salida, en un vació a esa lógica, un indefinido.

- ¿Y la gente que no tiene jefe?
- Es lo mismo. Ponele que fuera un vendedor de panes calientes, si es que aún existen. Si los prepara él mismo tiene que comprar los materiales en algún lado. Para eso, le da a su proveedor pequeños pedacitos de tiempo llamados “dinero”. ¿de donde los sacó? De los hambrientos clientes que ya habían vendido su tiempo a otros.
- ¿Hay alguien libre de eso?
- Si, pero son pocos. Son los que no le venden su tiempo a nadie. Viven de comprar el tiempo de los demás, lo compran más barato de lo que vale. Eso es en esencia el dinero. Es comúnmente creído que el valor del dinero sale de los bienes que se consiguen con él. Es una gran mentira, el dinero tiene valor porque representa una fracción de la vida de alguien. Es poderoso porque vale por el único poder del mundo.
- ¿La vida?
- Nunca lo dudes – dijo Kugel con mucha ímpetu – Nunca. El universo existe, y nosotros somos eso. Universo pensante, universo que se entiende a si mismo. Nuestra vida es valiosa y poderosa. No lo dudes ni lo olvides.

Kugel, dicho esto. Calló y la luz que lo iluminaba cesó. Había desaparecido. Casandra, entonces, comprendió que la demostración había terminado. Un reflector le indicó la puerta por donde había entrado, le indicaba que tenía que irse.

Llegada a la puerta notó que la secuencia de la niña seguía mostrándose en la pantalla. Aún no podía reconocer a cual de sus amigas de la infancia se parecía. O más bien, se había parecido, ya que la secuencia ya mostraba un rostro adolescente. Conciente de que no valdría la pena intentar reconocerla, salió y cerró la puerta.

Afuera, de nuevo en el pasillo comenzó a pensar que también reconocía ese rostro adolescente de algún lado. Y entonces una idea poderosa cruzó su mente. Miró por el ojo de la cerradura, la secuencia aún corría. Se veía ya un rostro casi adulto, aún joven y Casandra ya sabía quien era. Era ella, obviamente era ella. No era una foto que hubiera visto, pero era ella.

Se reconoció en los ojos, en la boca, en la nariz, aunque no así en el peinado que no recordaba haber tenido nunca. Desesperada trató de abrir la puerta, pero ya estaba cerrada. Miró por la cerradura de nuevo, pero la luz ya se había ido, la imagen no se veía.

Casandra atónica se separó de la puerta y se apoyó en la pared. Deslizó su cuerpo esta el suelo y se sentó. Lentamente acercó sus manos a su cabeza. Solo necesitaba saber, comprobar. Tocó con sus dedos índice y pulgar el lóbulo de cada oreja. No había agujeros, nunca había habido agujeros allí.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Avatar

(No confundir con la película de James Cameron, "Avatar". Tampoco con la sensacional serie de dibujos animados "Avatar: La leyenda de Aang")

El 9 de septiembre de 2009, Eugenia Tenzin fue alcanzada por una bala anónima en una manifestación sobre la plaza Republica de la India. Más tarde esa semana, el cuerpo de Eugenia fue enterrado en un féretro en las afueras de la ciudad, cerca del campo, en el mismo cementerio que sus antepasados.

Dos años después, como resultado de la humedad del suelo, la madera del cajón se deshizo de a poco en la tierra, formando un agujero en la base. Desde ese hoyo, un grupo de gusanos entró y comenzó a devorar los restos putrefactos de la difunta. Estos gusanos, habiendo comido, siguieron con su vida.

Unos pocos días después, un joven gusano emergió de ese mismo suelo para alimentarse de la hoja de un césped. Pero, por mala suerte, una hornera lo vio y aprovechó la oportunidad para alimentarse. Luego, volvió a su nido. Al ver que su primer huevo había eclosionado, regurgitó para dar de comer al polluelo.

Unos tres años después ese pichón ya era un pájaro formado que surcaba por el cielo. Migraba, como era habitual en su especie. Un día importante, cuando volaba sobre una granja inglesa. Dio la casualidad que el granjero le enseñaba a su hijo a usar el rifle, algo muy útil en una granja. El pobre hornero se desplomó de inmediato al recibir el disparo. Sus restos se perdieron en la tierra.

El pequeño decidió no tener que matar nunca a un animal. Al crecer heredó la granja y la convirtió en un plantío de manzanas. Claro que, para ello, debía plantar las manzanas en la tierra, en esa misma tierra donde había caído el hornero. Los árboles tardaron mucho en crecer, pero unas cuantas primaveras después ya todos podían cosecharse.

El granjero Newman, una década después, recibió la noticia de que su mujer estaba embarazada. Felices, caminaron por las hileras de manzanos toda la tarde. El granjero aprovechó para contarle a su mujer una anécdota sobre su padre y el rifle y el pájaro. Estimó ese día que el pájaro debió haber caído donde ahora estaba el árbol más grande de la granja. Tomó con orgullo una fruta de ahí y se la dio a su amada.

Después de unos 35 años, Eugenia Newman se despidió de sus padres y partió de la granja para probar suerte en la ciudad. Después de un viaje de unas horas, llegó a la Terminal de Ómnibus. Corrió hasta la plaza Republica de la India, cerca del monumento a Eugenia Tenzin, se sentó en un banco y dijo tranquila:
“Al fin, tanto tiempo”

martes, 31 de agosto de 2010

Noches de Luz y Sangre

Era de noche, una noche muy oscura, sin luna. En el campamento, ya estaban durmiendo. Ilion se acercó cauteloso a la choza. Entro por la ventana y ahí estaba ella. Dormía tranquila en su cama, con un rostro placido que lo volvía loco. Por que él solo podía pensar al verla en todo lo que había pasado para llegar ahí. Eso recuerdos le traían sensaciones y emociones que nunca lo dejarían dormir como ella hacía.

La primera vez que la vio, no había sido hace mucho tiempo atrás. En la ronda nocturna, unos dos meses atrás. Esa noche salió a una ronda de rutina, para buscar algo útil entre las ruinas de la antigua ciudad. Una noche que nunca será olvidada.

Años después de la Gran Guerra, la alguna vez gloriosa Ciudad de Zentopía había sido finalmente conquistada por nuevos invasores en un ataque sorpresa. Luego de una sangrienta batalla, la ciudad se redujo a ruinas y ceniza y sus habitantes fueron asesinados o esclavizados. Todo se había perdido de esa gran civilización, todo salvo Cornejo.

El Capitán Cornejo y sus hombres se refugiaron en una base secreta, en una de las varias cuevas tras la ladera de las montañas, enterrada y oculta. Desde el final de la guerra, su vida consistía en sobrevivir, escondiéndose de los invasores y subsistiendo de los restos entre los escombros.

Ilion estaba ya acostumbrado a ese tipo de vida en esa jaula subterránea aunque no la consideraba natural. Sabía que, a pesar de todo, nada de lo que hiciera podía cambiar la situación. No era el estado normal de las cosas, pero ya no se sorprendía.

Nunca había ido solo afuera, pero como ya estaba acostumbrado, no le sorprendió que Cornejo se lo pidiera y no dijo nada. La salida, y entrada, de la base era por la ladera de los montes. Era una noche con luna llena, había suficiente luz.

Se acercó peligrosamente a un campamento de esclavos. No debía hacerlo, esas zonas siempre están vigiladas. Aún así, se acercó porque creyó ver algo tirado entre los restos de una calle cerca de ahí, una figura blanca. No es fácil encontrar algo blanco en una ciudad consumida por el fuego.

Ilion llegó y descubrió con sorpresa el cuerpo de una mujer que yacía en el suelo. Se acercó para revisar si estaba viva, notó que aún respiraba y que sus muñecas tenías las marcas de haber usado esposas. Era una esclava que intentaba escapar y le estaba yendo muy bien, pues no la habían seguido. Pero el mejor detalle de su escape fue encontrarse con Ilion.

La cargó sobre su espalda y la llevó a la base. En principio, no fue bien visto por sus compañeros, después de todo, no había traído comida, pero Cornejo la recibió mejor. Le ordenó darle la introducción.

-¿Cuál es tu nombre?- Preguntó Ilion.
- Me llamo Helena, ¿donde estoy? ¿Me atraparon?- Respondió la muchacha. El miedo y los nervios resaltaban la palidez de su piel y su figura temblorosa.
-No –respondió sonriente Ilion- todo lo contrario, estás en “El Agujero”, nuestra base rebelde. Somos un grupo de oficiales libres del dominio invasor.

Helena sonrió débilmente y dejó de temblar. Sus ojos empezaron a brillar mientras Ilion proseguía con la explicación, pero ella seguía con la expresión desde la primera frase. Eventualmente, la calma y felicidad de sus ojos contagiaron a Ilion. El proceso había comenzado.

Tuvieron que pasar varios meses antes de que Helena se ganara la confianza del grupo. Pero ella llegó a ser un verdadero miembro activo de la resistencia. Había aprendido rápido las reglas y desempeñaba sus órdenes con gran eficiencia. Finalmente, la acogieron como una igual o quizás más. Cornejo empezó a tratarla como una hija y con Ilion llegaron a tratarse mucho mejor.

Helena era muy conversadora con todos. Una vez, estuvo hablando largo rato con Ilion, por que él se animó a contarle lo que no le decía a nadie.

-Yo no viví la guerra- le dijo una vez que estaban solos en el comedor.
-¿Cómo es eso?- Preguntó muy curiosa.
-Un par de meses antes de la Invasión, yo decidí hacer un viaje. Tomé un bote y viajé al sur a un pueblo de marineros. Cuando llegó conocí a un amigo que me invitó un trago y terminó acusándome de ser un ladrón de botes. Así que estuve dos meses en una prisión. Cuando volví, encontré la ciudad destruida. Por suerte, Cornejo me encontró y me llevó al Agujero.
-¿Por qué decidiste irte?- Preguntó Helena después de un largo e incomodo silencio.
-Porque me llegó una señal, me llegó una carta para enlistarme en el ejército y supe que tenía que irme.-Ilion se pausó y dijo en voz baja -Esas cartas marcaron mi vida…
-¿Por qué marcaron tu vida?- Preguntó Helena de inmediato.
-Mi familia venimos de Invadria. Cuando vivíamos ahí, de chico, llamaron a mi padre a combatir Él se enlistó para la Gran Guerra y desapareció en combate. Por eso con mi madre y mi hermano nos exiliamos a Zentopía. Pero la Guerra se extendió hasta acá y llamaron a combate a mi hermano que era mayor, y también murió. No iba a cometer el mismo error que ellos.

Helena lo escuchó de principio a fin con mucha atención. Incluso lo acariciaba y lo consolaba cuando mencionó la tragedia de su familia. A él le gustó mucho, nunca nadie la prestaba tanta atención o tanto cariño. Entonces decidió mostrarle el también un poco de afecto. Ella entonces se acercó a su oreja y le susurró: “Te quiero”. Ya estaba todo hecho.

De ahí en adelante la vida de Ilion comenzó a ser cada vez mejor, o más bien comenzó a apreciar. De hecho, había sido designado Segundo al Mando antes de hablar con Helena, pero solo después supo estar contento por eso. Ese cargo le permitía programar algunas misiones a la superficie, y podía elegir ir con Helena.

Una noche, poco después, en una ronda con Helena, Cornejo murió. Luego de eso, Ilion debió tomar su lugar, en medio del luto que compartían sus compañeros. Nadie lo miraba ya de la misma manera, había mucha desconfianza.

Aún así, las misiones al exterior tenían que realizarse, aunque lo demás no quisieran cooperar. Helena entonces le sugirió ir solo a la superficie. Era una idea perfecta, según Ilion.

Nuevamente debajo, Ilion descubrió horrorizado que la base había sido irrumpida. Vio aterrorizado los cadáveres ensangrentados de sus compañeros. Estaba desesperado, mientras más buscaba más muertos encontraba. No había rastros de nadie, no había rastros de Helena. Comenzó a gritar su nombre mientras corría por la base.

-Acá estoy- Dijo Helena intacta desde el comedor
-¿Qué pasó?- Preguntó extrañado Ilion.
-Lo lamento, venimos planeando esto desde antes de conocerte. Era mi misión, desde la Invasión sabíamos que habría una resistencia.
-No puede ser...- expresó Ilion entendiendo la naturaleza del asunto. Miró a Helena con ojos profundos y cuando vio en sus ojos sintió una potente frustración, de una traición que valía por muchas.
-No tiene nada que ver con nosotros, este era solamente un trabajo, infiltrarme y destruirlos. Pero no pude, no a todos. Por eso te pedí que salieras solo. Te quiero, y lo único que puedo hacer es mantenerte vivo- lloraba- huí lejos, al pueblo de los marinero.

Ilion no tuvo que pensarlo demasiado. No se despidió, simplemente le dio la espalda y se fue. Cruzó otra vez las montañas como había hecho casi un año atrás. Allí estaba el río. Tomó un bote y zarpo al sur, hacia el pueblo de marineros, con el corazón hecho pedazos.

Esta vez, no lo encerraron, de hecho, ni siquiera consiguió alojamiento. Debió pasar la noche en las afueras del pueblo. Y en la penumbra, casi a la mitad de la noche, pudo ver a los ejércitos invasores entrando desde el norte, asesinando a los pueblerinos a su paso y destruyendo los edificios, tal como, según contaban sus amigos en el agujero, habían entrado a Zentopía. Y huyó de allí, fuera del pueblo.

El horror que sintió al verlos entrar, auque había escapado de ellos, era similar a la desesperación de estar en la celda del cuartel. No importa a donde fuera, lo seguían esas bestias y con ellas la muerte y la destrucción. Pero no venían solos.

En la afueras del pueblo, más allá de la batalla, había un pequeño campamento. Por los colores y las formas de las carpas supo que era de los invasores. Desde lejos la vio, a Helena, entrar en una choza para no salir.

A la noche siguiente se escabullo silencioso, sin que lo vieran, como se fuera una misión en el exterior, hasta su casa. La encontró placidamente dormida, sin preocupaciones, sin culpa. Se agazapó sobre ella, agarrando su boca para que no hable y presionando su cuello, para que no grite.

Era la oportunidad perfecta para vengarse, pero no lo hizo, esperó. Se quedó quieto con su cuello entre las manos, mientras ella de a poco se iba calmando, al notar que no pasaba nada.

-¿Por qué?- preguntó tajantemente, sabiendo que así resumiría otras tantas preguntas.
- ya te dije, no fue mi decisión- dijo entrecortada, recuperando el aire mientras él liberaba su boca.- es nuestra naturaleza. Somos un Imperio, vivimos conquistando pueblos. Por lo general mandamos peones a buscarlos, localizarlo y analizar las debilidades, pero en el caso tuyo y de tu rey, ustedes mismos vinieron a nosotros.
-¿No se arrepienten de destruir otras culturas, otras vidas?- dijo enojado.
-¿Te da culpa comer carne?, es parte de tu naturaleza.- Se justificó, sin modificar su expresión y recuperada de aire.
-¡No somos ganado!- gritó, sin elevar demasiado la voz- ¡somos personas, igual que ustedes! ¿No lo ves?
-Evidentemente no son iguales a nosotros, nosotros somos superiores. Su pequeña base no pudo hacer nada. Es así, siempre fue así.
-No…se acaba hoy- dijo Ilion llorando al entender lo que iba a hacer- Quiero que pienses en todas las personas que mataste, o que les causaste la muerte. Voy a demostrarte que son iguales.

Dio un giro rápido, sin soltar la cabeza hasta haber terminado, y el cuerpo cayó al suelo, desplomándose como una sabana. Ya podía partir tranquilo, ella no podría seguirlo más.

Caminó fuera de la choza, por unos momentos, hasta que inevitablemente llegó al río. Pensó que cualquier lugar a donde lo llevara estaría destruido y conquistado, y en parte era su culpa.

En todos los lugares que alguna vez había llamado hogar, eran ahora cenizas pisadas por esclavos. Cornejo soñaba con poder cambiarlo, pero ahora estaba muerto. No podía hacer nada para cambiarlo, “es así, siempre será así”. Supo entonces cual era su verdadera prisión de la que nunca podía salir. No quedaba fuerza en el mundo, ni n el Gran Valle, ni al sur del río o en las costas de Mar que pudiera hacerles frente.

Ese río lo había introducido en esa pesadilla eterna. Se sumergió, nadó hasta el fondo, sin intenciones de salir, hasta que todo empezó a confundirse en la oscuridad. Allí se quedó tranquilo, escabulléndose en la noche sin luna.

miércoles, 28 de julio de 2010

Los Otros

Golpeé la compuerta una sola vez, ni siquiera lo suficientemente fuerte como para amenazar un daño. De inmediato una pared cayó en el pasillo detrás de mí y me vi encerrado. Confundido, traté de empujarla y descubrí que no había caído sino que había bajado y estaba firmemente aferrada al suelo. No paso mucho, la compuerta se abrió violentamente y se asomaron desde la sombra los cañones. “¡Humano en la Puerta!” oí gritar en el fondo y repentinamente una oleada de soldados se abalanza sobre mí. No llegué a decir nada, aún estaba muy asustado y entonces todo se pone oscuro.

Desperté horas mas tarde sobre los restos de un colchón. Me dolía la cabeza, pero no como si me hubiera enfermado, sino como si me hubieran golpeado, que seguramente eso habían hecho.

- Nombre – me solicitó una voz desconocida.
- Kuhn – dije fuerte – 5M06, División Manzana
- ¿De donde vino? – preguntó otro que no llegué a ver.
- Del sur. Mi frente fue atacado. No estoy seguro de que pasó. Traté de reagruparme en una base cercana, eran las indicaciones de mi división. Encontré esta. Una vez reunidos varios tenemos que volver a Barum Eehz.

Sentí de golpe un cambio de clima. Las pocas caras que pude ver cambiaron rotundamente su expresión. De una seriedad intimidante a una especie de melancolía compasiva. Y entonces, cuando uno de ellos tuvo el coraje de explicarme, primero preguntó:

- ¿Cuánto tiempo estuvo buscando esta base?
- Unos dos días, desde el ataque. – y yo también me animé a preguntar lo incuestionable- ¿por qué?
Juntaron el valor de decirlo en voz alta, porque no era solo decírmelo a mi, era decírselos a ellos mismos.
- Barum Eehz fue destruida hace 36 horas. Deihl, Urba y Uruk también. No sabemos si no hubo más ataques. El enemigo alcanzó los blancos desde el aire. Usaron un nuevo…un viejo tipo de arsenal. Potencial nuclear. Se adentraron en los restos, son inmunes a la radiación. El enemigo está ganando.
- ¿Quién es el enemigo?

Meses antes, no se cuantos, pero fueron meses, en Deihl. Estaba por cumplir mi 10º año en servicio. Riz me había designado comandante. Deihl era fácilmente la mayor ciudad de la tierra para entonces, pero ese título variaba constantemente. En perspectiva, era muy poderoso subirse a la Torre Prima, ver desde arriba la metrópolis y entender que allí vivía el 25% de la humanidad, o 26% dependiendo de la época.

Un día Riz nos llamó al cuartel. Por seguridad, los cuarteles quedaban en las afueras, entre los muros exterior e interior. Nos contó que él, a su vez, se había juntado con el comando central de la ciudad y que ellos a su vez habían tele-conversado con los comandos centrales de Barum y otras ciudades. Solo cuando dijo eso se escuchó a Zan en el fondo decir confiado “la guerra de las ciudades terminó”. Riz nos contó que habían hablado.

Los gobiernos simplemente habían admitido un problema que los ciudadanos siempre conocimos y que los militares dábamos por obvio. Los ...“otros” estaban atacando y se habían vuelto una amenaza para la subsistencia humana general.

Me puse a pensar en lo que había dicho Zan. Durante siglos las ciudades habían peleado entre ellas por cuestiones territoriales o diferentes, desde el éxodo de Farrokh. Pero hasta mi abuelo ya sabía que existían otros seres inteligentes en el planeta. Nadie se ocupó entonces de entender que eran, estábamos muy ocupados en la guerra de las ciudades, como bien dijo Zan. No fue incluso cuando mi padre tuvo que pelear y morir contra estos “otros”, ni siquiera ahí se los consideró una amenaza. Recién entonces, cuando el daño era casi irreparable se lo entendía como daño. Pero esa resultó ser la historia corriente de los humanos en la tierra.

Zan estaba muy conciente de esto. Riz lo escuchaba, fue uno de los principales impulsores, siempre de ir a la guerra contra los otros. Nos había indicado buscarlos cuando tuvimos la oportunidad, había aprendido lo que pudo de ellos. Pero no pudo mucho. Ese día, finalmente, la guerra de las ciudades acabó como muy indiscretamente dijo Zan, interrumpiendo a nuestro General. Riz siguió contándonos lo resuelto.

Efectivamente la humanidad se estaba refugiando en sus antiguas alianzas y de una vez por todas estábamos actuando como un solo ejército. Nos dio una explicación acelerada de lo que se sabía del enemigo. Esta raza extraña habría aparecido en la Tierra hace siglos, posiblemente resultado de mezclas de productos industriales en los mares.

De todos modos, la especie que había visto mi abuelo corriendo en las mesetas posiblemente ya no existiera. Evolucionaban rápido, muy rápido. En cuestión de generaciones se habían adaptado a los varios climas de la tierra, pudiendo avanzar en todos los territorios y eventualmente comenzaron a competir en recursos con los humanos. Más aún, se sospechaba que los últimos descendientes se habían vuelto inteligentes.

Los científicos de Uruk habían entendido todo. Eran los laboratorios más avanzados del planeta. Se decía que estaban investigando una forma de seguir el éxodo de Farrokh, pero aparentemente no era así.

No tenían especímenes para analizar, nunca pudieron capturar uno. De todos modos, pudieron formular sus hipótesis en base al comportamiento y a la evidencias. Zan las llamó “encuentros de 1º tipo”, no se porqué. Los llamaron Laika-Bielo en honor a sus alegados descubridores. Estaban realmente evolucionando, pero su reproducción era ridículamente rápida y las mutaciones eran muy poderosas. De ahí era que obtenían sus adaptaciones y de ahí es de donde encontramos una debilidad.

Mientras la atención a Riz disminuía en el salón, seguramente porque no muchos de nosotros entendíamos la teoría de la evolución además de Zan, Riz recuperó al público rápidamente. Nos dijo que había una oportunidad de destruirlos. Podía salir bien o mal, si salía mal volveríamos a la vida a la que estábamos acostumbrados y seguramente perderíamos algunas vidas, nos advirtió. Mas si salía bien los monstruos no iban a ser más una amenaza. Nos dijo eso, pero no nos dijo cual era la oportunidad. Con muy mala gana nos dijo que no estaba autorizado para divulgarlo aún.

Unas semanas después de eso ya tenía el rango de teniente, que en Deihl era el anterior a general. Hubo una reunión general de tropas, como nunca se habían juntado todas antes, tuvimos que reunirnos en la plaza central, por lo que había además varios civiles. Activaron las pantallas y aparecieron los rostros de nuestros viejos enemigos. Los comandantes de todas las ciudades de la tierra, salvo el de Deihl, que estaba parado en un escenario precario.

Su ventaja es la mutación, también será su debilidad” decían los subtítulos en la pantalla de Zion. Y pasaron a explicar la situación. Efectivamente, el Homo Sapiens Sapiens ya no era la única especie inteligente del planeta y por lejos había dejado de se la dominante, eso habría ocurrido hace casi 500 años, ya lo sabíamos pero nos costaba trabajo recordarlo. La sorpresa fue que no había ahora dos razas inteligentes, sino tres.

Si bien la mutación les había proporcionado la eventual adaptación a diferentes medios, se habían diversificado en dos grupos específicos, muy apropiadamente llamados Laika y Bielo. El plan militar era simple, entendiendo supongo por experiencia que dos razas inteligentes no pueden coexistir, la misión sería generar un enfrentamiento entre ellas, peleando los humanos para ambos bandos.

En las varias semanas subsiguientes se realizaron diferentes misiones para conseguir negociaciones con los otros. Finalmente, a Deihl le tocó pelear con los Bielo, por lo que eventualmente tuvimos una reunión de bandos. Yo estuve ahí. Estábamos reunidos los tenientes y generales y por supuesto el Comandante Central en un fuerte fuera del muro exterior. La reunión estaba asediada por dentro y por fuera por soldados.

Entonces se abrió la puerta y de entre la niebla del exterior caminaban 20 solados hacia atrás, apuntando al suelo. Una ronda en otra ronda de hombres apuntando a un centro extraño. El Comandante entonces ordenó desplegarse y lo vi. Una serpiente enrollada sobre si misma, don dos patas de gallina apoyadas sobre el suelo y en la otra punta una enorme cabeza de cucaracha con ojos compuestos. Su piel era suave, sin ninguna irregularidad, y sus ojos negros y grandes. Se le arrojó un lápiz y comenzó a escribir. Había aprendido nuestra lengua, propuso estrategias nunca antes vistas, anticipó respuestas y oraciones. Eran definitivamente inteligentes.

En paralelo, los generales le comentaban a sus divisiones las estrategias del combate. Habría varios focos en varias partes del mundo y por supuesto, sería un ataque sorpresa. En los enfrentamientos iniciales se enfrentarían los otros y eventualmente los humanos pasaríamos a atacar directamente desde ambos bandos.

La idea era convencer a los otros de que sería una batalla decisiva y que enviaran a sus mejores cuerpos. En efecto, los humanos enviaríamos a nuestros mejores cuerpos y sería una batalla definitiva. Teniendo sus mejores arsenales en esas batallas, cuando las personas comenzaran a insertar los puñales en la espalda, los otros perderían a la mayor parte de sus ejércitos. En los días subsiguientes el bando humano atacaría las demás bases enemigas y en cuestión de semanas las dos razas estarían extinguidas.

Finalmente llegó el día del enfrentamiento. Las últimas instrucciones de Riz fueron de precaución. Nos advirtió que si el enemigo pudiera sobrepasar la ofensiva, deberíamos retirarnos a bases cercanas ocultas para reagruparnos y nos indicó donde estaban. A nuestra división le tocaría enfrentarse a una de Barum Eehz ya que la ciudad estaba en las cercanías, por lo que luego deberíamos volver allí. Nos deseó suerte.

Fue a la mañana, el cielo estaba gris. Nos encontramos con el comando Bielo. Si alguien alguna vez dijo “la fuerza está en la unión”, los Bielo eran un buen ejemplo. Más pequeños que los humanos, pero se comportaban en definitiva como un solo cuerpo, como las langostas si es que alguna vez existieron. Pero no era preocupante, nosotros teníamos suficientes armas para destruirlos a todos.

Comenzó la batalla al mediodía. Los Bielo avanzaron primero y se enfrentaron directamente a los Laika. Barum Eehz esperó pacientemente. Pocos minutos después dieron la señal y comenzó la traición. Los Laika estaban confundidos, pero los Bielo entendieron rápido. Aún así, no les fue suficiente. Y entonces pasó.

Escuché un estruendo. Muy fuerte, como si tocaran un tambor gigante. Zan gritó en el fondo y nunca volvió a gritar. Fui a ver que ocurría. Una figura se acercaba desde el norte. Parecía un hombre. Comenzó a disparar a diestra y siniestra contra todos. Todos, Laika, Bielo y Humano. Y hubo más y más. Miles de figuras avanzaron desde el este adentrándose en el campo de batalla. Corrí hacia donde pude. Los Bielo corrían conmigo y fueron quedando atrás. Tropecé y sobre mí fueron tropezando. Sus cuerpos escurrían sobre mí. La sombra de un hombre fue luego colocando cerca cuerpos humanos. Riz incluido.

Horas después escuché el silencio. Horas después del silencio salí. Discretamente me fui ocultando entre piedras y barro buscando la base que me había indicado Riz.

- No sabemos. No son de los nuestros, pero están en todos lados ahora. Se adentraron en las ruinas de las ciudades y están desocupando bases. No podemos comunicarnos, interfirieron todas las frecuencias. Nadie responde.
- Y ahora pueden averiguar que estamos acá- dijo otro – con tu entrada revelaste nuestra ubicación, Deihl.

En los días siguientes nos resguardamos en la base, moviendo cuidadosamente el dial. Teníamos alimento para todo un ejército que nunca llegó, por lo que estábamos bien preparados, aunque sabíamos que algo podía toparse en nuestra puerta en cualquier momento. No tuve mucho contacto con la gente de esa base. Eran Barum Eehz, no nos llevábamos bien de por si y además había arriesgado la vida de todos. Nunca supe el nombre de nadie.

Un día uno de ellos trajo un mensaje recibido por clave Morse. “A todos los seres humanos, transmitimos este mensaje a sabiendas de que está siendo recibido también por el enemigo. Todos los sobrevivientes tenemos una oportunidad, preséntense en éstas coordenadas indicadas en las próximas 26 horas. El tiempo nos juega en contra, así que si no se presentan en el tiempo indicado, no podremos ayudarles.

No sabíamos si confiar en el mensaje o no, pero de todos modos debíamos escapar de la base tarde o temprano. No había ningún lugar seguro en el mundo, por lo que daba lo mismo confiar o no en la señal. Sin tener otra alternativa mejor, decidimos ir. Las coordenadas indicaban un fuerte en la antigua Ho Chi Ming, un área en disputa comandada por Uruk. Tardamos un día preciso en llegar. Esperábamos encontrarnos con una enorme multitud, pero solo encontramos a unos cientos.

Dentro del fuerte nos informaron los detalles. Finalmente, los científicos de Uruk habían cumplido su cometido, habían encontrado la forma de continuar el éxodo y ese era en esencia el plan. Esta vez no tendríamos la oportunidad de adentrarnos en las estrellas, nos albergaríamos en la Luna que a esta altura no tenía un clima muy distinto a la Tierra.

Abordamos la nave. Me encontré al lado de un sujeto que resultó ser un Uruk.
- Es triste- me dijo – todos los acá presentes somos el 25% de la humanidad
- ¿Qué va a pasar con el resto?
- No hay forma. O nos salvamos nosotros o no se salva nadie. No podemos esperar más.
Me sentí casi obligado a preguntar y sabía que siendo un científico o al menos un habitante de Uruk me sabría responder.
- ¿Quién es el enemigo?
- Máquinas – respondió seguro- son máquinas inteligentes. Evolucionaban por ensayo y error. Probaban nuevos modelos en el ambiente y se iban actualizando, remodelándose, cubriendo fallas y agregando utilidades efectivas. Funcionaban en red, como un solo gran cerebro. Y nos vieron como amenaza. Inventaron a los Laika y a los Bielo y la guerra y todo para atraparnos. Y exterminarnos.

Tardé mucho, mucho tiempo en entender la mitad de las palabras que me dijo. Por el momento entendí una cosa segura, habíamos perdido. Despegamos y vimos a la gente que se reunía alrededor del fuerte. Para el tercer día en el espacio supongo ya nos habíamos convertido en toda la humanidad.

Ningún general ni comandante central sobrevivió. Como alguna vez había tenido un rango alto, hablé con los pilotos. No tenían precisamente un plan, ya no respondían a un gobierno central. El día que llegamos a la Luna nos juntamos y les dije “la guerra terminó”. No habría más generales ni tenientes ni ciudades. No habría más bandos ni alianzas, ni banderas ni fronteras.

Instalamos hace 13 años una base en la Luna, Selene. Aprendimos luego de casi 800 años de guerra como repartir equitativamente los recursos. La ciencia ya no se usó en para matar más rápido o más efectivamente sino para morir más lentamente. Los robots de la Tierra dejaron de considerad a los humanos una amenaza y nunca subieron a la Luna. Estamos cubiertos por su sombra, en el lado oscuro. La luna siempre estaría llena y el cielo siempre sería negro de ahí en adelante.

martes, 29 de junio de 2010

Joola

Cuando empezó todo esto estaba rodeado de agua. No se como había llegado ahí, pero estaba en una capsula llena de agua. En un momento abrí los ojos y lo vi. Vi la capsula y el agua. Miré a un costado y había una larga fila de capsulas con agua y con gente. Me traté de mover un poco y sentí esos dos bloques metálicos pesados posicionados a los costados de mi cabeza y después una lámpara enfrente de mis ojos. Luego sentí un estruendo terrible en mi cabeza y la lámpara emitió una luz muy fuerte. Se abrió un tubo debajo de mí y caí por el hasta un cuarto nuevo.

El cuarto era todo blanco, del piso a las paredes. Todo blanco y de colchones. Todas las paredes y el piso tenían colchones blancos y había lámparas blancas en el techo. El cuarto era enorme, muy grande. Creo que era más bien un salón o un patio, pero con techo.

Cuando llegué ahí estaba desnudo y mojado. Me traté de levantar y fue ahí cuando note que no recordaba mi nombre. Confundido, traté de recordar como había llegado ahí y tampoco pude. Al final noté que no recordaba quien era, o quien había sido, o mi vida, menos cómo había llegado ahí, o de donde venía, o cómo hablar o caminar siquiera.

Estaba confundido y desesperado, sabía que algo estaba terriblemente mal. Empecé a gritar. Y cuando grité escuché como otros gritaban. Había otros ahí, otras personas, también desnudas y mojadas. Hombres, todos hombres. Me traté de acercar, pero solo podía patalear y arrastrarme.

Pasó un rato, bastante largo. Diría que como 8 horas, aunque no lo sé ni tengo forma de saberlo. Estuve todo ese rato gritando y pataleando hasta que me cansé. En un momento vi como un tipo caminaba cerca mió. No pude verle la cara, pero estaba escribiendo algo. Grité y pataleé pero no logré hacer que me ayude.

Poco después cayó sobre mí un líquido negro pastoso. Empecé a gritar y a patalear de nuevo y me entró un poco en la boca. Descubrí que era comida y traté de hacer que me entrara más en la boca. Luego me quedé dormido.

A la mañana siguiente seguía sin entender nada, pero estaba más calmado. Miré a mí alrededor de vuelta y vi que el piso tenía canaletas alrededor. En un costado había un hombre pelirrojo pegado a la pared, desnudo como todos. Se trepó agarrándose del colchón en la pared y se levantó. Dio unos pasos torpes y se cayó.

Un rato después tuve ganas de defecar. No sabía que hacer, así que simplemente sucedió. Me sentía sucio, pero mis desperdicios rodaron lejos mió y no pude ver a donde. Luego, calló el líquido negro, de nuevo.

Los días siguientes fueron prácticamente todos iguales. No recuerdo cuantos fueron, eran todos iguales. Hasta un día, en que el pelirrojo repitió su hazaña pero esta vez pudo caminar. Se acercó a mí y me estiró su mano. La tomé y me ayudó a levantarme. Entonces recordé como caminar y sonreí. El pelirrojo rió. Luego fuimos a levantar a los demás. Ese día gritamos todos contentos y esperamos a que nos cayera el líquido negro.

Una vez que pudimos pararnos no había problemas para ir al baño, solo había que acercarse a la canaleta. Aún así, había momentos en que alguno de los hombres empezaba a gritar y golpearse contra las paredes, y los demás lo imitábamos. Es que tratábamos de salir, no estoy seguro.

Pasó luego mucho tiempo, creo que más de una semana. Paso algo muy extraño. Las luces se apagaron de golpe, todos gritamos y corrimos. Luego de chocarnos entre nosotros un rato, caímos al suelo y eventualmente dormimos.

Cuando desperté estaba en una cama, con los brazos encadenados. No podía ver por debajo de mi cadera, porque había una pared en medio, pero sentía un terrible dolor en los genitales. Algo me los estaba agarrando. Había muchos gritos, algunos eran los hombres, otros eran nuevos.

Entonces hubo un chirrido terrible, un ensordecedor grito de dolor y todos callamos. El grito venía de lejos, pero luego vino otro. Luego otro más cerca. Luego otro. Y finalmente un al lado mío. Estaba aterrado y entonces sentí como estiraban mi miembro y chillé de dolor. Inmediatamente, quedé dormido.

Desperté tirado y adolorido en otra habitación, más grande, pero en esencia era lo mismo. Blanca, con colchones en las paredes. Revisé si mi cuerpo seguía completo, en efecto así era. Estaban mis compañeros, los hombres, todos tirados y adoloridos. De hecho, no estaban todos. Recuerdo que el pelirrojo ya no estaba.

Pero además había otros hombres. Unos hombres deformes, a los que parecían haberles cortado el miembro. Eran mujeres, ahora lo sé. Pero entonces no recordaba que era una mujer. Había una en particular, una morocha, que cuando la vi sentí un profundo odio. Fui con ella y la golpeé hasta que comenzó a llorar. Luego me fui a un lado.

Pasaron los días y yo hacía lo mismo. Siempre iba y le daba un golpe, o la empujaba cuando trataba de tomar el líquido negro del techo. No sabía porque. Un día se me acercó y la golpeé. Pero volvió a acercarse. Entonces le grité y la corrí. Y ella se tiró sobre mí y empezó a golpearme. Quedé muy lastimado, o más bien muy cansado. No me acerqué a ella en mucho tiempo. No entendía muy bien por que me parecía tan divertido o emocionante ir especialmente a enfrentarla. Hoy mismo, si bien me quedá un tanto más claro, aún no entiendo por qué a ella.

Ya había olvidado que alguna vez había estado afuera de esta habitación. Ya había sido hace demasiado tiempo y ya nadie golpeaba las paredes. Pero un día vino esta morocha y empezó a hacer muecas con la cara. No me esmeré en golpearla esa vez, debío ser un tanto antes de que apagaran la luz. Escupía y hacía ruidos raros, como tratando de vomitar. Finalmente escuché como dijo “Joola”. Me volteé de inmediato, la miré y repetí: “Joola”.

No estoy seguro si en ese momento recordé algo, pero fue entonces cuando traté de hablar. No podía hablar propiamente, pero con ella podíamos designar sonidos a las cosas. Aún así, nos tomó varios meses acordar que “Joola”, era yo, “Ta”, era ella, “Cam” era el resto y que “Pan” era el liquido negro. Desde entonces me despertaba ansioso de ir con Ta y hablarle, de la misma manera que antes me despertaba emocionado por sacarle los dientes. Nadie más me hablaba, o quizás si, pero no lo podía entender. Nos saludábamos tocándonos y diciendo nuestros nombres.

Luego pasó lo que pasó. Mientras todo dormíamos una de las paredes se abrió y entraron los hombres armados. Todos gritamos asustados y luego de que dispararan me quedé dormido otra vez.

Esta vez desperté en un laboratorio y comenzó la recuperación. Me tomó 3 años 14 días y...15 horas entender que yo soy un nombre, un número de documento, un peso y altura que fueron victimas, junto a algunos otros, de un experimento ilegal, y secreto. Aún hoy no recuerdo haber vivido mi vida antes de ese momento, tuvieron que narrarmerla entera, tuve que volver a aprender todo lo que me habían borrado (excepto caminar, que lo aprendí por mi cuenta).

9 semanas después pudieron reinsertarme en la sociedad. Salí de la celda. Fue una experiencia terrible que traté de olvidar y trato de convencerme de que soy quien me dicen que soy. De esta manera soy libre de esa celda.

Es difícil llevar una vida después de esto. Al menos dentro de la celda conocía gente, acá afuera conozco a varios, pero no recuerdo a nadie. A veces pienso que como solo recuerdo lo que recuerdo, solo conozco a los de la celda, pero entonces me doy cuenta de que no soy libre todabía.

Por eso trato todos los días de olvidar esa celda. Pero hoy hice una excepción y escribí este diario. Lo escribí porque eventualmente será publicado y alguien lo leerá. Si está en la misma que yo, entonces no dudará en descartarlo de inmediato, como yo haría. Pero yo hoy no hice eso, así que quizás del otro lado también lo hagan y no estemos solos. Y si es así, solo quiero decir “Ta”.

sábado, 29 de mayo de 2010

Casandra y el Control

Casandra, algún tiempo atrás, pasaba sus días sentada en un aula. Su universo entonces no trascendía a mucho más que a las paredes del colegio y a las personas que ahí la rodeaban. Y hubo un día en que sus amigos, debido a que ella olvidó traerles los resúmenes que les había prometido ya por 5ª vez, decidieron no hablarle. El profesor terminó su lección y se quedó sola frente a su cuaderno.

Comenzó a pensar, comenzó a imaginar, tocada sin saberlo por lo que había pasado, en cosas imposibles que podrían cambiar su vida. Dibujaba en los márgenes maquinas para viajar en el tiempo y así evitar lo que había pasado. Pero la pobre era demasiado inteligente para dejarse soñar eso. No pudo evitar pensar que si viajaba al pasado para evitar que algo sucediera, no sucedería y por tanto nunca tendría un motivo para viajar al pasado y modificarlo, por tanto nunca habría viajado en primer lugar y los eventos sucederían…

Supo que lo hecho estaba hecho, pero eso no le evitó seguir imaginando. Debía haber una forma de modificar la realidad. Quería saber que estaban pensando, quería poder escuchar sus pensamientos, pero eso no le alcanzaría, podría simplemente escuchar algo que le gusta y seguir sin poder cambiarlo. ¿Cómo podría?

Dibujó un control remoto, corto y con un solo botón central. Dibujó también una mano que lo sostuviera y lo apuntara hacia adelante. Dibujó una persona alcanzada por el haz que salía del control, no era tan buena dibujando, así que simplemente imaginó su expresión. Pensó que esa sería la máquina que de existir, podría solucionar todos sus problemas. Un control remoto para la mente, un Control-Mental.

Escuchó el timbre y volvió a la cuenta de que estaba en el salón de clase, que estaba en el colegio y éste dentro del mundo real. Supo rehacerse a la idea de que era fantasía, que la realidad es dura pero hay que enfrentarse y que su mejor opción era ir a hablar con sus amigos, esa sería la única solución aunque fuera difícil.

La joven Casandra solía evitar esas situaciones incómodas antes de enfrentaras y decidió postergarlas para el próximo día. Mientras guardaba sus libros en su mochila, empujaba las cosas adentro para que hubiera lugar, entonces notó algo extraño. Sintió haber tocado algún costado de su calculadora dentro del bolso, pero recordaba haberla sacado durante el día. Miró de reojo, sin dejar de tocar el contenido de su mochila y comprobó que su calculadora seguía sobre el banco.

Sacó delicadamente ese objeto plástico y pequeño de su mochila. Ya nadie estaba en el aula, todos habían salido y nadie quería esperarla. Lo sacó de inmediato y comprobó al descubrir un pequeño foco al final, que tenía en sus manos un control remoto, aunque pequeño y con solo dos botones, uno encima del otro.

Simplemente no supo que hacer. Tenía en sus manos un control que no era el de su casa y no se parecía a ninguno que hubiera visto antes, demasiado chico, los botones no estaban numerados. De todos modos, aunque le costara creer, sabía precisamente que era ese objeto. Casualmente, lo había visto antes. Aún así, no era exactamente lo que había imaginado y se lo fuera, ¿Qué podía hacer con el?

Pensó en tirarlo, para evitar riesgos y que solo se quede en la imaginación. Pero si lo tirara y resultara ser lo que ella creía que era, entonces alguien podría encontrarlo y usarlo de manera nefasta. Debía asegurarse que, en primer lugar, fuera realmente ese control, ¿pero como hacerlo? Si funcionaba mal podría dañar a alguien, dejarlo sin memoria o retraso mental, después de todo, no conocía que hacían los botones. Ni aquellos a quien más odiaba merecían eso. Pensó incluso probarlo consigo mismo, pero de funcionar podría nunca saberlo o incluso nunca volver a ser quien era.

Casandra pensó y pensó y siguió sin saber que hacer. Nunca se había enfrentado a que su fantasía, de hecho, se volviera realidad. No era posible, aunque quisiera, que se hicieran realidad las cosas que imaginaba, lo sabía de sus experiencias de niña. Tuvo un baldazo de agua fría al comprender eso. Se calmó de golpe y entendió que eso no podía ser otra cosa que un simple control remoto. Para estar segura, apretó un el botón de abajo y no ocurrió nada.

Aún así, no sabía si llevarlo o no, evidentemente no era suyo. Revisó a su alrededor para ver si alguien se había olvidado algo más, para avisarle al día siguiente. Encontró solo la mochila de Nicolás Cobrenik, quien casualmente entró por la puerta. Casandra no se sorprendió, después de todo, no había pasado mucho tiempo desde que todos se fueron y entre que ella casi se muere del susto.

Nicolás fue por su mochila. Era uno de esos compañeros de grupo con los que Casandra se hablaba solo en los trabajos prácticos que le indicaban hacer con él y hasta la fecha solo había habido uno dos años antes. No tenía nada ni en contra ni a favor de él.

- Che, ¿esto es tuyo? – le dijo otorgándole el control – lo encontré por ahí.
- A ver – contestó Nicolás – nunca había visto ese aparato antes, pero era costumbre entre los argentinos meterse en cosas que no les corresponden y tratar de explicar cosas que ni conocen – No, no se que es.

Contestó sin soltar el aparato, lo seguía recorriendo con los ojos mientras Casandra pensaba en una coartada para no decirle lo que había pensado minutos antes. Le daba vergüenza confesar sus fantasías y no quería admitir (aunque fuera consigo misma) que no sabía como había llegado el control a su mochila. Mientras Casandra pensaba y disimulaba que pensaba diciendo incoherencias “eh…este…”, Nicolás quería verificar si los controles funcionaban. Apretó el botón de abajo sin notar que seguía apuntando hacia delante.

Casandra calló. Sus labios simplemente dejaron de moverse, junto con toda su cara que se volvió a una expresión vacía e indiferente, con los ojos abiertos y fijos en el horizonte. Sintió como sus brazos cayeron como cortinas. Su cuerpo entero se enderezó rígido y sólido, sin poder moverse en ningún sentido, salvo respirar. Aún así, de algún modo, siguió conciente.

Nicolás se quedó atónito frente al cambio drástico. Se quedó mirando un tiempo, pasó su palma frente a los ojos y comprobó que, de hecho, la muchacha no se movía. Casandra, dentro, estaba aterrada. Él tomó su tiempo para entender lo que pasaba, no era tan inteligente.

- ¿Qué te pasa?
Casandra no contestaba
- Che, decí algo.
La boca de Casandra se movió por si sola, sus labios se posicionaron y salió el aire de su garganta. Su voz tenue pero clara pronunció “Algo” y luego volvió a callar.

Tanto Nicolás como Casandra entendieron la situación. Ella no tenía ninguna voluntad en decir eso, ni siquiera lo había pensado, pero lo dijo porque él se lo pidió. Nicolás, cual buen científico, comenzó a investigar a costa de Casandra.

- Levantá el brazo derecho.
El brazo se elevó instantáneamente y se luego volvió a hacerse rígido e inmóvil como comenzó
- Parpadeá
Los ojos de Casandra se abrieron y se cerraron, obedeciendo el imperativo.

Nicolás comenzó a sospechar que quizás la chica le estaba haciendo un chiste. Pensó en como comprobar que de hecho estaba haciéndole caso, que de hecho estaba pasando algo raro. Decidió probar algo que, en condiciones normales, ni Casandra ni ninguna chica haría por su propia voluntad.

- Dejame tocar tus...lolas
Casandra empujó sus propios hombros hacia atrás y empujó su tórax hacia delante, dejando servidos sus pechos. Una terrible angustia recorrió sus pensamientos, un inmenso grito de “¡No!” que no podía ser pronunciado y mucho menos contestado. Nicolás, por su parte, solo se atrevió a tocar superficialmente su femineidad, luego la culpa recorrió su cuerpo y le ganó al placer. Por alguna razón, no se sentía bien tocando una teta. La soltó de inmediatamente.
- Dejá de hacer eso- dijo Nicolás esperando que Casandra despertara, pero no fue así
- Volvé a la normalidad – dijo, seguramente evocando algún dibujo animado que había visto alguna vez, pero seguía sin ocurrir nada
- ¡Despertá! – gritó desesperado. Luego, pensando detenidamente recordó el control remoto que seguía en su mano volvió a oprimir el botón de abajo.

Casandra, tan repentinamente como al principio, volvió a moverse. Comenzó tomando aire por la boca, que había estado cerrada. Bajó su postura erguida y movió sus brazos, cubriendo su pecho, mientras trataba de regularizar su respiración. Dirigió su mirada a Nicolás, quien la miraba a su vez con ojos grandes como platos y con un susto quizás mayor al de ella. Casandra se recuperó, lo miró de frente, le dijo “gracias” y le dio un puñetazo en el estomago, ya que, si bien se había arrepentido, había intentado violarla.

Nicolás cayó al suelo y ella aprovechó para recuperar el control. Por el momento, no estaba completamente racional por lo que le había ocurrido, simplemente actuó por instinto, apuntó hacia él y oprimió el botón de abajo. Nicolás se posicionó erguido y rígido tal como ella minutos antes, con la expresión vacía mirando hacia delante. Casandra quiso probar el alcance de su control.

- Olvidate de todo lo que pasó hoy- dijo y luego oprimió el botón de abajo.
Nicolás se recuperó y continuó su camino hacia la puerta, levantando su mochila, indiferente a Casandra, excepto por que al irse la saludó con un “Nos vemos mañana”.
Casandro lo supo. Era un viernes, no se verían al día siguiente. Nicolás había, de hecho, olvidado lo que había ocurrido en esas 24 horas y pensaba que era el día anterior. Siendo jueves, si se verían mañana. Casandra consideró la suerte de no haberle ordenado “olvídate de todo esto” y que nunca volviera al colegio o a respirar siquiera.

Salió del aula apurada, guardando el control en el fondo de su mochilla. Salió por el pasillo aledaño a su aula, pero corrió por el otro extremo, cuidándose de no encontrarse de nuevo con Nicolás. Llegó hasta la otra punta, al patio. Estando ahí concluyó en lo mismo que había pensado antes, si era el control que ella creía, no sabría que hacer con él. Ya había comprobado en carne propia que lo era.

- ¡Casandra! –gritó alguien en el fondo, estaba bastante vacío el colegio al terminar su turno, pero una voz la llamaba desde el patio
- ¿Es su nombre Casandra? – dijo la voz que resultó venir de un sujeto alto, de unos treinta años y vestido de traje
- Si – contestó sin entender demasiado y un tanto asustada, aunque después de lo de ese día, no estaba mucho más sorprendida
- Que bueno, por fin la encontré, es un colegio grande este, debe haber sido una iglesia antes, aunque está casi vació a esta hora…
- ¿Qué quiere? – interrumpió Casandra
- Ah si, disculpe, usted se quedó con uno de nuestros aparatos ayer

Casandra sintió un frío recorriéndole la espina ante esa afirmación. Muchas preguntas y miedos pasaron por su mente. ¿Quién era? ¿Cómo sabría? ¿Estaría bien confesar? ¿Qué peligros tendría en sus manos? ¿Qué hacer?

- No se acuerda, claro, esto va a ayudar- el hombre sacó otro control de su traje y apuntó hacia ella – disculpe- aclaró.

Casandra trató de huir, pero nuevamente sintió la fuerza que la convertía en una estatua, en un maniquí sólido en el pasillo. La voz del hombre tras ella le ordenó “recuerde lo sucedido ayer”. Repentinamente, sus ojos se abrieron levemente, un tanto más y sintió como una catarata de imágenes pasaban por su mente. Vivía de nuevo los eventos del jueves.

Entre las muchas imágenes y recuerdos que pasaron por su mente, recordó vividamente una escena. Había habido una mujer que vestía con el mismo traje que el sujeto que ahora estaba frente a ella, no la conocía, pero su rostro le resultaba familiar. Había entrado a su casa de sorpresa, aunque no había forzado la puerta. Recordó que le demostró que era ese control con la gente que pasaba por la calle, haciendo que saltaran en una pata o que cambiaran de dirección o que se besaran espontáneamente.

Se había divertido bastante ese día, y eventualmente la mujer decidió retirarse, pero antes de irse, le apuntó con el control y la programó para que lo ocultara en su mochila, olvidara lo que había ocurrido. Casandra recordó incluso haber hecho lugar en su mochila, sacando los resúmenes para sus compañeros, con tal de ocultar ahí el control. Luego recordó volver a la normalidad e incluso recordó no haber recordado nada.

El sujeto de traje oprimió de vuelta el botón de abajo y Casandra volvió a moverse.
- A la mierda…- alcanzó a decir
- Si, eso dicen todos. ¿Me puede dar el control?
- Seguro- dijo entregándoselo- ¿quien era ella?
- Una que se robó uno de nuestros aparatos, quería distraernos para que no la encontremos y creemos que por eso le dejó el control a usted. Disculpe las molestias.
- Bueno, pero ¿Quién era? – repitió Casandra, que seguía intrigada por la extraña familiaridad del rostro del sujeto.
- ¿No lo sabe? Mejor, algún día lo sabrá. De paso, le voy a mostrar que hace el botón superior que entiendo que aún no ha visto. De nuevo, disculpe las molestias.

Instantáneamente luego de que el sujeto apretara el botón, Casandra se encontró en su casa, en su cuarto, frente a sus propias cosas, frente a su propia mochila, con los resúmenes a un costado. Miró su reloj y corroboró que era jueves. Notó que dentro de su mochila no había nada más que su calculadora y sus cuadernos. Colocó dentro los resúmenes de una buena vez y a su lado encontró una pequeña nota que decía:

Perdón
Casandra

Hasta el día de hoy no está segura si última palabra era parte de la disculpa o quizás una firma, pero aún así, Casandra sigue esperando lo que le deparará el futuro.
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(Contando desde las 18:14 del 3 de mayo de 2010...un poco tarde)