¡Atención!
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domingo, 31 de octubre de 2010
Casandra y la Cuarta Dimensión
Preguntó a la secretaria del piso donde quedaba tal oficina. La indicó ir por el pasillo, al fondo a la derecha. Extrañamente, esas indicaciones suelen indicar un baño, pero Casandra siguió de todos modos. Sorprendentemente. Al final del pasillo había tres puertas. Dos a la izquierda, una a la derecha, ninguna con indicaciones. Casandra pensó que habría sido más factible confundir izquierda con derecha que otra cosa, por lo que entró a la puerta a su derecha.
- Buenos días, mi nombre es Kris Kugel…
- Perdón, me equivoqué de cuarto.
- No, estás en el cuarto correcto Casandra.
Casandra entendió, frente a que la llamaran por su nombre, ni siquiera por su apellido, lo que estaba pasando. Ya le había pasado, ya casi estaba acostumbrada. Ya había pasado lo de Eli poco tiempo atrás. Esta vez, antes de demostrar que tenía razón, trataría de averiguar porqué ocurría tal cosa
- ¿Quien es usted?
- Ya le dije, Kris Kugel, puede decirme Kugel, nadie me dice Kris y usted tampoco.
- ¿Por qué estoy acá?
- Fue despedida, el Seguro de Desempleo viene con más que indemnización. Trae clases de inserción al mercado laboral.
- Que buen servicio
- No tiene idea. Pero para que funcione, tengo que estar seguro de su nivel educativo, remitámonos a geometría.
Detrás de Kugel apareció una gran pantalla. Casandra notó que estaba claramente tecleando tras su escritorio. De inmediato la pantalla mostró solo un fondo blanco, marcado levemente por una cuadrícula casi invisible. Sobre esta y en el centro, un solitario punto negro, pequeño respecto a la pantalla, pero la pantalla era ya bastante grande.
- ¿que es esto? – Preguntó Kugel retóricamente
- Y…creo que es un punto – dijo Casandra irónicamente - también podría ser un partido de Fútbol, ¿no?
- En efecto – continuó Kugel. La imagen cambió, dando un salto como cuando cambia una diapositiva. Apareció entonces un círculo, igualmente centrado. – ¿y Esto?
- Un circulo
- ¿Y este? – Dijo cambiando una vez más la imagen.
- Un círculo, más grande.
- Perfecto, ¿y si yo te muestro esto? – Kugel tecleó tras su escritorio y culminó con un golpe brusco. Luego, en silencio, apareció una secuencia, un punto que crecía hasta volverse el último circulo que le había mostrado. En un loop infinito, luego se achicaba hasta volver al punto.
- Es el círculo agrandándose y achicándose.
- Claro, es siempre el mismo círculo, ¿no?
- Bueno, no – dijo Casandra mientras la animación se repetía indefinidamente – Yo se que no es así, que eso es lo que entiendo al ver eso. En realidad son varias imágenes de círculos de distintos tamaños ordenadas para que creen la ilusión de que aumenta y disminuye de tamaño un mismo círculo. Eso lo sé.
- Por supuesto que lo sabés, sos muy inteligente. Pero este no es un círculo.
Casandra se mostró extrañada ante la afirmación de Kugel. Kugel sonreía mientras ella demostraba su confusión. De inmediato se compuso, sabía que eso no era más que un gato encerrado y que pronto se lo explicaría, no podría ser algo más complicado que eso.
La animación se detuvo en el círculo más grande. De pronto, la cuadrícula gris, casi invisible, comenzó a girar sobre si misma. Giró hacia la izquierda sobre su eje central, que resultó ser en realidad otra cuadrícula que la atravesaba. El círculo no había variado en tamaño, pero Casandra creía entender lo que había pasado. Entonces, volvió la animación. Esta vez, el círculo solo se movía de izquierda a derecha sin dejar de tocar el eje medio de la cuadrícula.
- Ah claro, es una esfera. – dijo Casandra comprendiendo. – Claro. No era un círculo que crecía. Era una esfera moviéndose para delante y para atrás.
- Pero desde te punto de vista no era más que un círculo creciendo y achicándose – remitió Kugel. Tecleó un poco y la esfera contó con sombras y texturas, evidenciando que era, en efecto, una esfera. - ¿Qué es una esfera respecto a un círculo?
- ¿Un dios? – cuestionó Casandra creyendo que era una pregunta metafórica, propia de alguna otra de sus aventuras.
- N…no- contestó Kugel extrañado – está una dimensión más arriba. Cuando un objeto de tres dimensiones atraviesa un espacio de dos dimensiones se manifiesta en las partes bidimensionales que lo componen. En cristiano, una esfera atravesando un plano se ve como varios círculos.
- Cristiano, claro. ¿eso significa que un objeto se manifiesta en la cantidad de dimensiones del universo en que esté?
- Vas un paso adelante, esto te va a ser fácil entonces. ¿Podés imaginar un cubo de 4 dimensiones?
- No.
- ¿Por qué?
- Porque vivo en éste universo de 3 dimensiones.
- Claro, tres dimensiones. Un se levanta cada día, mira por la ventana y ve 3 dimensiones en todos lados. También ve, posiblemente por esa misma ventana, que el Sol sale y se pone. Decime Casandra, ¿el Sol se mueve?
- No, la Tierra se mueve alrededor del Sol, aunque…
- ¿Y el círculo crecía? – interrumpió Kugel.
- No, pero no se que tiene que ver.
La imagen de la esfera, antes de detenerse, desapareció. La pantalla parecía apagada y con ella se había ido la luz de todo el lugar. Casandra calló. Instante siguiente apareció la foto del joven rostro de un bebé.
- ¿Qué es esto?
- Una beba. Se nota porque tiene aros.
- Si claro, ¿linda no?
- No se, todos los bebes son iguales.
- Que tierna. – Kugel dio un toque a su teclado y la imagen empezó a cambiar. La cara de la infanta comenzó lentamente a cambiar. De manera muy gradual, se notaba como iba madurando el rostro y pasaba lentamente de edad.- ¿Qué pasa con la imagen?
- La chica está creciendo – dijo Casandra indistinta. Entonces, entendió. La reacción fue creciendo, primero abrió grande los ojos y sus cejas tocaron su flequillo despeinado, luego su boca se abrió dejando entrar el asombro - ¡No!
- ¡Si!, ¡exacto!, ¡bingo! – gritaba Kugel - ¿lo digo yo o le querés decir vos?
- Ehhh, no está creciendo…está…está…ehm…
- Bueno, lo digo yo. Como habrás notado, es lo mismo que el punto. Parecía que un punto crecía en un círculo grande, y en realidad era una esfera, siempre una misma esfera, moviéndose por un plano. Esto es lo mismo. Estás viendo un objeto cuatridimensional (tetradimensional) atravesar un espacio tridimensional.
- …Manifestándose como las facetas tridimensionales que lo componen.
- Si Casandra, precisamente. Eso es la vida. El tiempo es la manifestación del movimiento de nosotros, seres de cuatro dimensiones, a través del espacio. El tiempo…es vida.
Casandra quedó impresionada ante la demostración. Como habiendo presenciado un truco de magia. Sabía que no era más que un razonamiento, cerca de un silogismo cualquiera. Pero pudo sentir algo más en esa conclusión, mientras veía pasar las imágenes de esa niña. Sentía una alegría de haber entendido eso, de saberlo. Sintió la virtud de su conocimiento. Se sintió poderosa, más grande y más fuerte. Creyó conocer a la niña mostrada, se parecía mucho a una amiga de su niñez, aunque no recordaba a cual.
- Veo que entendiste, no me sorprende, sos inteligente. No vas a tardar en entender esto entonces. Imaginá, ¿Qué pasaría si yo cortara una parte del cuerpo de cuatro dimensiones?
- Sería como sacar una parte del tiempo.
- Exacto. Pero ese tiempo es en realidad la expresión de una vida.
- Entonces sería sacarle una parte de tiempo a una vida.
- Es más que eso, es sacarle una parte de si a una persona. Del mismo modo que ocupan un lugar en el espacio, ocupan un “lugar” en el tiempo.
- Entonces ¿como?, ¿Qué es sacar tiempo es como sacarle un pedazo de carne a alguien?
- En efecto – contestó Kugel con seriedad – Es una parte de alguien, yo diría más valiosa que cualquier pedazo de carne. Si bien nadie, o algunos pocos son capaces de vender una libra de su carne, todos vendemos varias horas de nuestro tiempo.
- ¿a quien?
- A tus jefes, a tus patrones. ¿Trabajás 8 horas?, estás vendiendo 1/3 de tu ser tetradimensional.
Casandra calló un momento frente a esa conclusión. Pensó penosamente en que estaba allí justamente por haber pasado meses vendiéndose, vendiendo su vida a una empresa. Esa frase que recorría su conciencia le sonaba a prostitución, por lo que se sintió violada y sucia ante esa conclusión. Buscó refugio en una salida, en un vació a esa lógica, un indefinido.
- ¿Y la gente que no tiene jefe?
- Es lo mismo. Ponele que fuera un vendedor de panes calientes, si es que aún existen. Si los prepara él mismo tiene que comprar los materiales en algún lado. Para eso, le da a su proveedor pequeños pedacitos de tiempo llamados “dinero”. ¿de donde los sacó? De los hambrientos clientes que ya habían vendido su tiempo a otros.
- ¿Hay alguien libre de eso?
- Si, pero son pocos. Son los que no le venden su tiempo a nadie. Viven de comprar el tiempo de los demás, lo compran más barato de lo que vale. Eso es en esencia el dinero. Es comúnmente creído que el valor del dinero sale de los bienes que se consiguen con él. Es una gran mentira, el dinero tiene valor porque representa una fracción de la vida de alguien. Es poderoso porque vale por el único poder del mundo.
- ¿La vida?
- Nunca lo dudes – dijo Kugel con mucha ímpetu – Nunca. El universo existe, y nosotros somos eso. Universo pensante, universo que se entiende a si mismo. Nuestra vida es valiosa y poderosa. No lo dudes ni lo olvides.
Kugel, dicho esto. Calló y la luz que lo iluminaba cesó. Había desaparecido. Casandra, entonces, comprendió que la demostración había terminado. Un reflector le indicó la puerta por donde había entrado, le indicaba que tenía que irse.
Llegada a la puerta notó que la secuencia de la niña seguía mostrándose en la pantalla. Aún no podía reconocer a cual de sus amigas de la infancia se parecía. O más bien, se había parecido, ya que la secuencia ya mostraba un rostro adolescente. Conciente de que no valdría la pena intentar reconocerla, salió y cerró la puerta.
Afuera, de nuevo en el pasillo comenzó a pensar que también reconocía ese rostro adolescente de algún lado. Y entonces una idea poderosa cruzó su mente. Miró por el ojo de la cerradura, la secuencia aún corría. Se veía ya un rostro casi adulto, aún joven y Casandra ya sabía quien era. Era ella, obviamente era ella. No era una foto que hubiera visto, pero era ella.
Se reconoció en los ojos, en la boca, en la nariz, aunque no así en el peinado que no recordaba haber tenido nunca. Desesperada trató de abrir la puerta, pero ya estaba cerrada. Miró por la cerradura de nuevo, pero la luz ya se había ido, la imagen no se veía.
Casandra atónica se separó de la puerta y se apoyó en la pared. Deslizó su cuerpo esta el suelo y se sentó. Lentamente acercó sus manos a su cabeza. Solo necesitaba saber, comprobar. Tocó con sus dedos índice y pulgar el lóbulo de cada oreja. No había agujeros, nunca había habido agujeros allí.
sábado, 29 de mayo de 2010
Casandra y el Control
Comenzó a pensar, comenzó a imaginar, tocada sin saberlo por lo que había pasado, en cosas imposibles que podrían cambiar su vida. Dibujaba en los márgenes maquinas para viajar en el tiempo y así evitar lo que había pasado. Pero la pobre era demasiado inteligente para dejarse soñar eso. No pudo evitar pensar que si viajaba al pasado para evitar que algo sucediera, no sucedería y por tanto nunca tendría un motivo para viajar al pasado y modificarlo, por tanto nunca habría viajado en primer lugar y los eventos sucederían…
Supo que lo hecho estaba hecho, pero eso no le evitó seguir imaginando. Debía haber una forma de modificar la realidad. Quería saber que estaban pensando, quería poder escuchar sus pensamientos, pero eso no le alcanzaría, podría simplemente escuchar algo que le gusta y seguir sin poder cambiarlo. ¿Cómo podría?
Dibujó un control remoto, corto y con un solo botón central. Dibujó también una mano que lo sostuviera y lo apuntara hacia adelante. Dibujó una persona alcanzada por el haz que salía del control, no era tan buena dibujando, así que simplemente imaginó su expresión. Pensó que esa sería la máquina que de existir, podría solucionar todos sus problemas. Un control remoto para la mente, un Control-Mental.
Escuchó el timbre y volvió a la cuenta de que estaba en el salón de clase, que estaba en el colegio y éste dentro del mundo real. Supo rehacerse a la idea de que era fantasía, que la realidad es dura pero hay que enfrentarse y que su mejor opción era ir a hablar con sus amigos, esa sería la única solución aunque fuera difícil.
La joven Casandra solía evitar esas situaciones incómodas antes de enfrentaras y decidió postergarlas para el próximo día. Mientras guardaba sus libros en su mochila, empujaba las cosas adentro para que hubiera lugar, entonces notó algo extraño. Sintió haber tocado algún costado de su calculadora dentro del bolso, pero recordaba haberla sacado durante el día. Miró de reojo, sin dejar de tocar el contenido de su mochila y comprobó que su calculadora seguía sobre el banco.
Sacó delicadamente ese objeto plástico y pequeño de su mochila. Ya nadie estaba en el aula, todos habían salido y nadie quería esperarla. Lo sacó de inmediato y comprobó al descubrir un pequeño foco al final, que tenía en sus manos un control remoto, aunque pequeño y con solo dos botones, uno encima del otro.
Simplemente no supo que hacer. Tenía en sus manos un control que no era el de su casa y no se parecía a ninguno que hubiera visto antes, demasiado chico, los botones no estaban numerados. De todos modos, aunque le costara creer, sabía precisamente que era ese objeto. Casualmente, lo había visto antes. Aún así, no era exactamente lo que había imaginado y se lo fuera, ¿Qué podía hacer con el?
Pensó en tirarlo, para evitar riesgos y que solo se quede en la imaginación. Pero si lo tirara y resultara ser lo que ella creía que era, entonces alguien podría encontrarlo y usarlo de manera nefasta. Debía asegurarse que, en primer lugar, fuera realmente ese control, ¿pero como hacerlo? Si funcionaba mal podría dañar a alguien, dejarlo sin memoria o retraso mental, después de todo, no conocía que hacían los botones. Ni aquellos a quien más odiaba merecían eso. Pensó incluso probarlo consigo mismo, pero de funcionar podría nunca saberlo o incluso nunca volver a ser quien era.
Casandra pensó y pensó y siguió sin saber que hacer. Nunca se había enfrentado a que su fantasía, de hecho, se volviera realidad. No era posible, aunque quisiera, que se hicieran realidad las cosas que imaginaba, lo sabía de sus experiencias de niña. Tuvo un baldazo de agua fría al comprender eso. Se calmó de golpe y entendió que eso no podía ser otra cosa que un simple control remoto. Para estar segura, apretó un el botón de abajo y no ocurrió nada.
Aún así, no sabía si llevarlo o no, evidentemente no era suyo. Revisó a su alrededor para ver si alguien se había olvidado algo más, para avisarle al día siguiente. Encontró solo la mochila de Nicolás Cobrenik, quien casualmente entró por la puerta. Casandra no se sorprendió, después de todo, no había pasado mucho tiempo desde que todos se fueron y entre que ella casi se muere del susto.
Nicolás fue por su mochila. Era uno de esos compañeros de grupo con los que Casandra se hablaba solo en los trabajos prácticos que le indicaban hacer con él y hasta la fecha solo había habido uno dos años antes. No tenía nada ni en contra ni a favor de él.
- Che, ¿esto es tuyo? – le dijo otorgándole el control – lo encontré por ahí.
- A ver – contestó Nicolás – nunca había visto ese aparato antes, pero era costumbre entre los argentinos meterse en cosas que no les corresponden y tratar de explicar cosas que ni conocen – No, no se que es.
Contestó sin soltar el aparato, lo seguía recorriendo con los ojos mientras Casandra pensaba en una coartada para no decirle lo que había pensado minutos antes. Le daba vergüenza confesar sus fantasías y no quería admitir (aunque fuera consigo misma) que no sabía como había llegado el control a su mochila. Mientras Casandra pensaba y disimulaba que pensaba diciendo incoherencias “eh…este…”, Nicolás quería verificar si los controles funcionaban. Apretó el botón de abajo sin notar que seguía apuntando hacia delante.
Casandra calló. Sus labios simplemente dejaron de moverse, junto con toda su cara que se volvió a una expresión vacía e indiferente, con los ojos abiertos y fijos en el horizonte. Sintió como sus brazos cayeron como cortinas. Su cuerpo entero se enderezó rígido y sólido, sin poder moverse en ningún sentido, salvo respirar. Aún así, de algún modo, siguió conciente.
Nicolás se quedó atónito frente al cambio drástico. Se quedó mirando un tiempo, pasó su palma frente a los ojos y comprobó que, de hecho, la muchacha no se movía. Casandra, dentro, estaba aterrada. Él tomó su tiempo para entender lo que pasaba, no era tan inteligente.
- ¿Qué te pasa?
Casandra no contestaba
- Che, decí algo.
La boca de Casandra se movió por si sola, sus labios se posicionaron y salió el aire de su garganta. Su voz tenue pero clara pronunció “Algo” y luego volvió a callar.
Tanto Nicolás como Casandra entendieron la situación. Ella no tenía ninguna voluntad en decir eso, ni siquiera lo había pensado, pero lo dijo porque él se lo pidió. Nicolás, cual buen científico, comenzó a investigar a costa de Casandra.
- Levantá el brazo derecho.
El brazo se elevó instantáneamente y se luego volvió a hacerse rígido e inmóvil como comenzó
- Parpadeá
Los ojos de Casandra se abrieron y se cerraron, obedeciendo el imperativo.
Nicolás comenzó a sospechar que quizás la chica le estaba haciendo un chiste. Pensó en como comprobar que de hecho estaba haciéndole caso, que de hecho estaba pasando algo raro. Decidió probar algo que, en condiciones normales, ni Casandra ni ninguna chica haría por su propia voluntad.
- Dejame tocar tus...lolas
Casandra empujó sus propios hombros hacia atrás y empujó su tórax hacia delante, dejando servidos sus pechos. Una terrible angustia recorrió sus pensamientos, un inmenso grito de “¡No!” que no podía ser pronunciado y mucho menos contestado. Nicolás, por su parte, solo se atrevió a tocar superficialmente su femineidad, luego la culpa recorrió su cuerpo y le ganó al placer. Por alguna razón, no se sentía bien tocando una teta. La soltó de inmediatamente.
- Dejá de hacer eso- dijo Nicolás esperando que Casandra despertara, pero no fue así
- Volvé a la normalidad – dijo, seguramente evocando algún dibujo animado que había visto alguna vez, pero seguía sin ocurrir nada
- ¡Despertá! – gritó desesperado. Luego, pensando detenidamente recordó el control remoto que seguía en su mano volvió a oprimir el botón de abajo.
Casandra, tan repentinamente como al principio, volvió a moverse. Comenzó tomando aire por la boca, que había estado cerrada. Bajó su postura erguida y movió sus brazos, cubriendo su pecho, mientras trataba de regularizar su respiración. Dirigió su mirada a Nicolás, quien la miraba a su vez con ojos grandes como platos y con un susto quizás mayor al de ella. Casandra se recuperó, lo miró de frente, le dijo “gracias” y le dio un puñetazo en el estomago, ya que, si bien se había arrepentido, había intentado violarla.
Nicolás cayó al suelo y ella aprovechó para recuperar el control. Por el momento, no estaba completamente racional por lo que le había ocurrido, simplemente actuó por instinto, apuntó hacia él y oprimió el botón de abajo. Nicolás se posicionó erguido y rígido tal como ella minutos antes, con la expresión vacía mirando hacia delante. Casandra quiso probar el alcance de su control.
- Olvidate de todo lo que pasó hoy- dijo y luego oprimió el botón de abajo.
Nicolás se recuperó y continuó su camino hacia la puerta, levantando su mochila, indiferente a Casandra, excepto por que al irse la saludó con un “Nos vemos mañana”.
Casandro lo supo. Era un viernes, no se verían al día siguiente. Nicolás había, de hecho, olvidado lo que había ocurrido en esas 24 horas y pensaba que era el día anterior. Siendo jueves, si se verían mañana. Casandra consideró la suerte de no haberle ordenado “olvídate de todo esto” y que nunca volviera al colegio o a respirar siquiera.
Salió del aula apurada, guardando el control en el fondo de su mochilla. Salió por el pasillo aledaño a su aula, pero corrió por el otro extremo, cuidándose de no encontrarse de nuevo con Nicolás. Llegó hasta la otra punta, al patio. Estando ahí concluyó en lo mismo que había pensado antes, si era el control que ella creía, no sabría que hacer con él. Ya había comprobado en carne propia que lo era.
- ¡Casandra! –gritó alguien en el fondo, estaba bastante vacío el colegio al terminar su turno, pero una voz la llamaba desde el patio
- ¿Es su nombre Casandra? – dijo la voz que resultó venir de un sujeto alto, de unos treinta años y vestido de traje
- Si – contestó sin entender demasiado y un tanto asustada, aunque después de lo de ese día, no estaba mucho más sorprendida
- Que bueno, por fin la encontré, es un colegio grande este, debe haber sido una iglesia antes, aunque está casi vació a esta hora…
- ¿Qué quiere? – interrumpió Casandra
- Ah si, disculpe, usted se quedó con uno de nuestros aparatos ayer
Casandra sintió un frío recorriéndole la espina ante esa afirmación. Muchas preguntas y miedos pasaron por su mente. ¿Quién era? ¿Cómo sabría? ¿Estaría bien confesar? ¿Qué peligros tendría en sus manos? ¿Qué hacer?
- No se acuerda, claro, esto va a ayudar- el hombre sacó otro control de su traje y apuntó hacia ella – disculpe- aclaró.
Casandra trató de huir, pero nuevamente sintió la fuerza que la convertía en una estatua, en un maniquí sólido en el pasillo. La voz del hombre tras ella le ordenó “recuerde lo sucedido ayer”. Repentinamente, sus ojos se abrieron levemente, un tanto más y sintió como una catarata de imágenes pasaban por su mente. Vivía de nuevo los eventos del jueves.
Entre las muchas imágenes y recuerdos que pasaron por su mente, recordó vividamente una escena. Había habido una mujer que vestía con el mismo traje que el sujeto que ahora estaba frente a ella, no la conocía, pero su rostro le resultaba familiar. Había entrado a su casa de sorpresa, aunque no había forzado la puerta. Recordó que le demostró que era ese control con la gente que pasaba por la calle, haciendo que saltaran en una pata o que cambiaran de dirección o que se besaran espontáneamente.
Se había divertido bastante ese día, y eventualmente la mujer decidió retirarse, pero antes de irse, le apuntó con el control y la programó para que lo ocultara en su mochila, olvidara lo que había ocurrido. Casandra recordó incluso haber hecho lugar en su mochila, sacando los resúmenes para sus compañeros, con tal de ocultar ahí el control. Luego recordó volver a la normalidad e incluso recordó no haber recordado nada.
El sujeto de traje oprimió de vuelta el botón de abajo y Casandra volvió a moverse.
- A la mierda…- alcanzó a decir
- Si, eso dicen todos. ¿Me puede dar el control?
- Seguro- dijo entregándoselo- ¿quien era ella?
- Una que se robó uno de nuestros aparatos, quería distraernos para que no la encontremos y creemos que por eso le dejó el control a usted. Disculpe las molestias.
- Bueno, pero ¿Quién era? – repitió Casandra, que seguía intrigada por la extraña familiaridad del rostro del sujeto.
- ¿No lo sabe? Mejor, algún día lo sabrá. De paso, le voy a mostrar que hace el botón superior que entiendo que aún no ha visto. De nuevo, disculpe las molestias.
Instantáneamente luego de que el sujeto apretara el botón, Casandra se encontró en su casa, en su cuarto, frente a sus propias cosas, frente a su propia mochila, con los resúmenes a un costado. Miró su reloj y corroboró que era jueves. Notó que dentro de su mochila no había nada más que su calculadora y sus cuadernos. Colocó dentro los resúmenes de una buena vez y a su lado encontró una pequeña nota que decía:
Casandra”
Hasta el día de hoy no está segura si última palabra era parte de la disculpa o quizás una firma, pero aún así, Casandra sigue esperando lo que le deparará el futuro.
jueves, 31 de diciembre de 2009
Casandra y Eli
(Esta, la última entrada del año, se la dedico a todas mis amigas cristianas, que son pocas pero valiosas)
Casandra caminaba tranquila por las calles de la ciudad. No había ningún apuro, en principio. Todo parecía normal y entonces la vio. Había una iglesia enfrente de ella. No supo entonces si había llegado a la iglesia o si la iglesia, simplemente, había aparecido en su camino. De todos modos, no entró.
Casandra no tenía un particular aprecio por las iglesias, sinagogas, templos o mezquitas. Si estaba segura de algo, era que no había nada más equivocado que aquello que se llama religión. Veía a sus seguidores dogmáticos, cerrados en sus ideas y no podía evitar desesperarse. Sentía desprecio incluso, y sabía que ellos también la despreciaban.
Recordó entonces un chiste, una pequeña frase que resumía todo lo que pensó en ese instante que pasó frente a la iglesia, y lo dijo fuerte y claro:
“La única iglesia que ilumina es la que arde”
Casandra cayó en la cuenta, pocos metros más adelante que había un fuerte olor a humo. En el suelo, el gas se estaba acumulando, ya no podía ver sus pies. El humo se volvía niebla mientras avanzaba, mientras huía. La niebla se volvió bruma y Casandra se perdió. Después de deambular un poco, con los ojos y la boca tapada, el humo se disipó y ante ella se encontraba una figura extraña, un misterioso hombre de negro.
-Casandra, bienvenida, te estaba esperando- dijo el hombre mientras se alejaba el humo.
-¿Quién es usted y dónde estoy?- preguntó tranquila, sin desesperarse, no era la primera vez que afrontaba una situación igual de extraña.
-Siempre tan desconfiada, mi nombre es Eli y estamos acá para discutir algo importante- dijo el hombre, saliendo de las sombras.
- Y supongo que solo después de discutir vas a liberarme.
- En efecto.
- De acuerdo, no estoy en posición de discutir. ¿Qué debemos discutir?
- Casandra, venimos a discutir un dogma que te intriga.
Casandra se sintió extrañada en ese momento. ¿La habría escuchado este extraño ser cuando dijo lo de la iglesia que arde? “De ser así, solo tengo que redimir mis opiniones para ser libre”, pensó. Supo cual era la obvia solución y expresó:
“Dios sí existe”
-¡Casandra!- gritó el misterioso hombre- No estás acá para mentir, tendrás que decir la verdad, en todo momento- concluyó mientras se sonreía.
-De acuerdo, si debo decir la verdad, esta es la verdad. Dios no existe, no puede existir, va en contra de las leyes de la lógica.
-¿Y estas leyes existen?- preguntó sonriente Eli.
- Si, por supuesto.
- ¿Cómo estás tan segura?
- Existen, así es la cosa. Está fuera de cuestionamiento.
- Por supuesto,- Eli se pausó un segundo, rió y se acercó a Casandra- y ese es el dogma que venimos a discutir.
Casandra estaba intrigada por el comentario de su interlocutor. No podía comprenderlo del todo. Las leyes de la lógica, el hecho de que 1+1=2 era para ella absolutamente cierto y sin cuestión. Aunque no existiera la palabra uno o dos o más o igual, seguiría siéndolo de la misma manera.
-Casandra, quiero que entiendas que tu argumento es tan valido como la existencia de Dios, tampoco hay forma de demostrarlo. Estás tan ciega como todos.
-No, mi niego a pensar así- respondió un tanto nerviosa. Además, hay forma de demostrarlo. Creo y no me equivoco al pensar que cualquier otro dogma y no solo la existencia de Dios están basados en las leyes mismas de la lógica y el razonamiento.
-¿Estás completamente segura que no temes equivocarte?
-Por supuesto- respondió más tranquila.
- De acuerdo, ¿como es eso posible?
Casandra se detuvo un momento a pensar. “¿Cómo es eso posible?”. Debía haber una forma de probarlo, una forma lógica y racional. Trató intensamente de recordar algo, mientras Eli la miraba contento, certero de su error. No podía tolerar esa expresión en su rostro, pero no podía pensar en una respuesta.
-Casandra, no tengo todo el día.
-¡Ya lo tengo!- respondió contenta- por que nadie puede generar una idea que no pertenezca al mundo real de forma directa o indirecta.
-Uhm…Eh
-¡Y tengo ejemplos!-interrumpió Casandra- No se puede imaginar un 4º color primario, o una 7ª vocal o una 4ª dimensión en el espacio. ¿O caso usted si puede, Eli?
- Pero Casandra- respondió retórico- esos no son ejemplos de nada, así no funciona la lógica. Mi Dios podría ser la excepción a tu preciosa regla.
Casandra se quedó atónita. Lo que este hombre decía era verdad, su argumento no podía ser comprobado. Y si ese argumento sobre la generación de ideas de la nada podía ser falso, no había forma de demostrar su primer argumento sobre la lógica y la razón por sobre todas las dogmas. No lo podía creer. No estaba segura de nada aún.
-Casandra, conocerás
-Deja de decir mi nombre- dijo Casandra un tanto enojada. Se sentía humillada por este hombre, ya no sabía que era verdad y que no, pero de todos modos- Si, la conozco.
- Es la forma lógica de demostrar que Dios no existe, ¿no es así?
- Dice que si existe un ser omnipotente que puede crear todo tipo de rocas sin importar su tamaño, puede crear una que sea tan grande que ni él mismo podría levantarla. Pero entonces no sería omnipotente ya que le faltaría el poder de levantar toda piedra no importa cuan grande sea, aunque de tener aquel poder, no podría tener el poder de crear una piedra tan grande como se quiera…
- Si, si, ya lo conozco. A lo que quiero llegar es que, como has dicho, si las demás dogmas no pueden ser comprendidas sin las leyes de la lógica y la razón…
- No podría haber religiosos que conozcan esa paradoja- lo interrumpió.
-Si, exacto Casandra, y por favor no me interrumpas- dijo irónico.
-No digas más mi nombre, empieza a molestarme- respondió seria.
-De acuerdo, solo quiero que comprendas, que el Cristianismo, el Islam, el Judaísmo de tus abuelos y tantas otras religiones siguen existiendo y sabrás bien que la paradoja del omnipotente es muy popular.
-Pero la religión es impuesta, no es elegida.
-¿Ah si?, ¿Nunca escuchaste hablar de aquellos ateos que eligen creer? Estás conciente de su existencia, lo sé. Además, ¿Cómo es que te convertiste en atea, de todos modos?
-Supongo que por las enseñanzas de mis- Antes de que Casandra dijera “Padres”, ya se había percatado de su error.
-Como tantos otros religiosos que conoces, ¿no es así?
-Entonces, ¿Qué es verdad y que no lo es?- Dijo Casandra luego de un incómodo silencio.
- En cierto punto, cada uno elige que verdad seguir. De la misma manera que elegiste ser atea, otros eligieron creer en Dios.
- ¿Puede alguien que acepta las dos posturas entender cual es la verdadera?
- ¿Puede alguien aceptar las dos posturas?
- No, claro- Pensó Casandra- No importa como sean las demás dogmas, para ser distintas a la lógica tienen que violar alguno de sus elementos, y la lógica no puede coexistir con algo que la viola.
- Exacto. No se puede probar que las demás ideas están equivocadas usando métodos que van más allá de las mismas.
- Ahora entiendo.
Casandra se sonrió luego de un largo rato. El humo se había esfumado y ya se podía ver la luz. Miró feliz a Eli, agradecida por el conocimiento que habían compartido. Eli, le mostró la salida. Podría decir que, para su sorpresa, estaban en la entrada de la iglesia, pero la verdad no le sorprendía. Ya se habían despedido, pero Eli la llamó:
-¡Casandra, espera!
-¿Qué pasa?- le contestó al darse vuelta.
-Seguirás eligiendo el camino de siempre, ¿no?
- Por supuesto, pero ahora se por qué,- Se rió un poco- o no.
-Excelente,- dijo también sonriendo- recuerda lo que aprendiste, y en adelante tené un poco más de respeto por los que no piensan igual. Además, no todos los religiosos son iguales.
Casandra admiró la entrada de la catedral donde se paraba Eli. Supo entonces cual era la mejor respuesta:
sábado, 21 de noviembre de 2009
"Casandra en el Avión" y "El Robot Adolescente"
- Experimento 1: Fiesta
-¿Dónde estamos?
-En una fiesta.
-¿Qué hacemos?
-Bailar.
-¿Qué es eso?
-Mover un poco con las caderas y los brazos en secuencias cortas repetidamente.
-¿Eso es bailar?
- A los efectos de música, si. Uno se mueve al ritmo básico de la música, en grupos de amigos, consecutivamente, mientras se balbucea la letra de la canción.
- ¿Hacemos eso toda la noche?
-No. Eventualmente empezamos a encarar.
-¿Qué es encarar?
-Invitar a una mina a bailar.
-¿cual mina?
-Cualquiera.
-¿Y viene a bailar con nosotros?
-No, se va con vos.
-¿Y bailo con ella?
-En principio si, pero la propuesta es un eufemismo. El verdadero objetivo es comértela.
-¿Qué? ¿A la mina? ¿Cómo me como a la mina?
-Metafóricamente, implica realizar un beso francés.
-¿Cómo es posible? No me conocería, ¿Cómo puedo gustarle?
-No se trata de gustarle, se trata de que ella acepte realizar el beso.
-¿Y después salgo con ella?
-No necesariamente. No es parte del protocolo. No implica ningún compromiso.
-¿Se hace sin cariño y sin compromiso? ¿Por qué se hace?
- El acto de encarar, en cuanto sea correspondido, implica una experiencia de placer para ambas partes. Se hace simplemente por el placer.
-¿El placer? ¿No es el amor?
-El amor es irrelevante. Se aparta la emoción o el conocimiento hacia la otra persona.
-¿Por qué ella aceptaría un beso sin compromiso o afecto?
-Por la misma razón que alguien lo propone.
-¿Por placer?
-Si. Ellas también saben todo lo que acabo de decir. Saben cual es el objetivo del encarar. Por eso lo aceptan, si es que lo aceptan, el placer es mutuo, en teoría.
-¿Es realmente así de simple?
-Hay variaciones en el procedimiento, pero el objetivo es en esencia el mismo.
-¿De eso se trata todo?
-Principalmente. No entiendo la sorpresa, uno puede consumir un alimento o bebida, o incluso un servicio como puede ser la televisión o el calor de una estufa solo por el placer que genera al cumplir psicológicamente el equivalente a una necesidad.
-Pero no es una estufa, es una persona ¿aún así hay que pensarlo de esa manera?
-Si. Es un placer como cualquier otro. En los inicios de la adolescencia cada uno descubre un nuevo tipo de placer, el placer sexual. El cuerpo madura más rápido que la mente o las emociones, así surge la situación de encarar.
-¿Entonces por qué besarse y no directamente sexo?
-El encuentro sexual ocurre, eventualmente. El beso es el paso previo. La mayoría de los adolescentes de ésta edad solo llegan al beso. Al crecer se llega a más.
- Experimento 1: Éxito
Casandra en el Avión
Casandra estaba acostada en su asiento semi-cama, de camino a Nueva York. Su última aventura en Los Ángeles fue demasiado dura para ella y ahora la pobre sólo quería volver a casa a descansar. Tras unas cuantas horas de viaje se despertó y comenzó a prestar particular atención a sus acompañantes en el avión.
Miró al asiento de al lado, donde una mujer joven como ella admiraba pensativa la ventana. Al poco tiempo, una niña se acercó a ella:
- Mami, Mami, ¿Qué pasa Mami?
- Nada cariño, solo estaba mirando el cielo, estoy ansiosa de que por fin vayas a ver a tu padre.
- ¡Tengo muchas ganas de ver a papá!
- Hija, sabes bien que él trabaja en Nueva York para mantenernos ya que somos muy humildes y que sólo podemos verlo pocas veces al año.
- Si, lo sé, pero yo lo amo igual y eso es lo que nos hace familia
Casandra sospechó algo extraño en ese diálogo, pero no se preocupó, era sólo un leve presentimiento ¿o no lo era? Entonces se fijó en el asiento de atrás, donde estaba una pareja de ancianos dándose un dulce beso.
- John, estas vacaciones a Nueva York eran exactamente lo que necesitábamos para renovar el romance.
- Judith, se que has tenido dudas sobre si podíamos seguir enamorados a tan avanzada edad, pero después de meditar, sé que seguiremos juntos para siempre y no hay nada que temer.
- No hay edad para mi amor por ti, John.
Casandra comenzó a sentir un temblor en la espina, algo estaba definitivamente mal. Trató de concentrarse en otra cosa, como la receta de los panqueques. Pero al escuchar a los jóvenes sentados frente a ella, una mujer hermosa y un muchacho con anteojos, todo quedó claro:
- Disculpe señorita, ¿falta mucho para llegar a Nueva York?, estoy muy ansioso, ¿sabe? Fui becado para el MIT, el centro de investigación. Sólo soy un muchacho de un barrio pobre y tuve mucha suerte en obtener la beca. Mi padre decía que no lo lograría, tuve que huir de casa, pero yo sé que si confío en mí mismo, podré lograr todo lo que quiera.
-Ehm, deben faltar un par de horas. Estoy prácticamente contando los segundos, yo también estoy ansiosa. Es que cometí un grave error al cortar con Peter, ahora sé que fui una tonta. Por eso estoy tratando de llegar a su boda en el momento exacto en que digan “acepto” para poder decirle que lo amo, porque lo amo mucho y sé que el también me ama…
Casandra entonces estuvo segura de lo que estaba pasando y sabía que tenía que hacer algo. Se levantó del asiento y, mientras la jovencita aún hablaba, declaró alarmada:
- ¡Basta!, deja ya de decir esas cosas, ¿no ves lo que está pasando?, estamos en la historia de una catástrofe y sus historias personales son ridículamente emotivas para exagerar la situación de pérdida al final, para que el público sienta lástima ¡Nos vamos a morir todos!
- ¿Una situación cercana a la muerte? Sé de lo que está hablando, señora. Yo estuve a punto de morir el año pasado por cáncer de páncreas. Pero decidí no rendirme y seguí ejercitándome hasta convertirme en el primer campeón negro del Tour de France…
- ¡Cállate idiota!, lo estás empeorando. Gente, sé que ustedes no me creen ahora, pero yo sé lo que está pasando y si no quieren arrepentirse, la única solución es que, aunque en principio no tengo ninguna evidencia, confíen en mí para poder…oh no…
Casandra no pudo terminar de narrar su historia antes de darse cuenta de que estaba contribuyendo a la escena, siendo ella misma un personaje patético con futuro esperanzador. Pero era demasiado tarde y un terrorista islámico que de pequeño vio morir a sus padres por una bomba americana hizo explotar el avión.
Casandra entonces despertó de su sueño y descubrió que, de hecho, era un sueño. Nada de eso era real, era solo una pesadilla enormemente elaborada. Miró a la ventana y notó que ya estaba siendo de mañana y ya estaba llegando a Nueva York, segura de que no habría ninguna tragedia ese 11 de Septiembre de 2001.